Hermosillo

Más de 50 años de servicio, y el maestro Andrés Espinoza no tiene fecha del “adiós”


(Foto: Carlos Castro/EXPRESO)

HERMOSILLO, SON.- “La enseñanza no es mi hobby, es mi pasión”, afirma jovialmente el maestro Andrés Espinoza Mendoza al hacer una recapitulación de sus 51 años de servicio como docente a la Universidad de Sonora.

El académico y abogado de 79 años continúa desenvolviéndose como maestro de tiempo completo del departamento de Sociología y Administración Pública, tras comenzar a impartir clases en el lejano año de 1972, cuando la Universidad estaba en plena transformación académica y social.

“Yo entré a la Universidad como estudiante en el 67. Me tocó el lío de la invasión del Ejército en la Uni. Fue una pedriza y una quema de automóviles por la Rosales”, evoca el maestro.

Este recuerdo se encima con otros de su impartición de clases en la licenciatura de Trabajo Social hasta sus días como estudiante de Derecho, pasando por su afición a la psicología y su decisión de permanecer arraigado a la Universidad de Sonora, tras considerar estudios en Guadalajara y recibir ofertas para unirse al Poder Judicial del Estado.

“Mi afición no era derecho, yo hubiera querido ser psicólogo pero cuando quise entrar a la Universidad no tenían la oferta y la más cercana estaba en Guadalajara y no me quise ir, porque ya estaba dando clases y no me quise desarraigar de aquí”, asevera con esa firmeza de carácter que le han otorgado los años.

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LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO DESDE ENTONCES

El maestro Espinoza apunta divertido que la Universidad y él tienen la misma edad, pues nació tres meses después de que la máxima casa de estudios abriera sus puertas en agosto de 1942.

Sabe que los tiempos han cambiado desde entonces y que las generaciones de ahora distan bastante del respeto que se tenía hacia la figura del educador.

“El estudiante ahora está más suelto, son más confianzudos. Se les olvida a veces la distancia y faltan al respeto, pero no es con mala intención, así son. Ya no no hay tanto respeto al maestro, pero siguen teniendo buena disposición”, afirma.

A pesar de que entre los pasillos universitarios se ha creado la fama de que el maestro Espinoza es de los más estrictos, los alumnos le demuestran el afecto y admiración que le tienen cuando se presenta la oportunidad para ello, tal y como sucedió al inicio de esta semana, cuando la Sociedad de Alumnos le rindió homenaje por sus años como docente.

“Es raro, porque tengo fama de ser muy estricto, y les digo a mis estudiantes que los maestros que yo tuve no perdonaban. Se cotorrean mucho conmigo. Yo les di mucha libertad, les digo que no me importa que me tutéen, nada más que conserven la distancia. Soy su maestro y ellos son los educandos. Podemos ser amigos y no hay ningún problema”.

Los años de enseñanza no han minado su espíritu como formador de nuevos profesionistas, al contrario, mantiene la empatía y vitalidad de sus años mozos.

SU CONSEJO A LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS

Aconseja a los estudiantes próximos a elegir una carrera universitaria que analicen de manera detenida sus opciones y a que se decidan por una que realmente los motive y los llene de satisfacción.

“La escuela de Derecho tiene más de 5 mil estudiantes, porque todos creen que es la carrera más fácil, pero hay mucha deserción. Muchos se equivocan y lo tiran. Se dan cuenta de que ya no es por ahí. Un muchacho de 18 años está muy verde para saber lo que quiere, andan medio desubicados y confusos. Cuando ya agarran un poquito de madurez se dan cuenta de que esa no es la carrera que debieron escoger”.

El Día del Maestro lo celebrará en casa con su familia, emocionado por disfrutar la comida que le preparará su mujer. Mientras tanto, su alma máter ya la rindió su merecido homenaje por sus más de 50 años de servicio.

“Muy orgulloso. Yo me formé aquí, yo soy hijo de la Universidad y me afecta. A mí me quiebran mucho estas ceremonias, sobre todo el Día del Maestro. Aquí estamos, son 51 años, no es cualquier cosa. A mí me han preguntado cuándo voy a dejar de dar clases: cuando ya no sepa dónde está la Universidad. Mientras mi cerebro me dé chanza yo le voy a seguir hasta donde se pueda”, concluye.

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