Fuera de ruta

Poder y vida cotidiana: perspectivas urbanísticas de la crónica


Uno de los aspectos principales de la discusión en los estudios urbanos se da alrededor de preguntas sobre la formación y descripción de las ciudades.

¿Dónde y cuándo se inicia el urbanismo? ¿Qué organización social dio lugar a tal ciudad? ¿Cuáles han sido sus transformaciones? ¿Qué le da tal o cuál forma? Para ello se ha recurrido a los diversos estudios que exploran los procesos de formación urbana, la morfología y la historia de la ciudad, y que incluyen muchas imágenes y descripciones de las ciudades.

A la par de dichas explicaciones y referencias de la ciudad y sus aspectos históricos y temporales, encontramos otras preguntas y enunciados que urbanistas, literatos y sociólogos se han planteado a partir de las transformaciones sociales, culturales y políticas de las ciudades y el impacto que estas han tenido en la condición humana contemporánea como el interés por el espacio urbano cotidiano como elemento importante de explicación de los procesos urbanos y sus habitantes.

Por ejemplo, se dice que las ciudades surgen por motivos de defensa, de contención, con fines económicos de comercio y de intercambio, flujos financieros o como centros de la cultura urbana, que se han modificado en los momentos pre y post industriales de la ciudad.

En contraste con esto queremos enfatizar que se trata sobre todo de lugares y de su producción social y política constante.

La crónica urbana es la que más se acerca a dicho contraste. ¿Cómo se produce el espacio de la ciudad? Tim Hall menciona que es “a través de combinaciones particulares de carisma y contexto”: quizá urbanistas, planeadores y políticos le den forma a las ciudades, pero no en absoluta libertad: también existen procesos socio-políticos que le dan forma al paisaje urbano. A la par de las ideas dominantes, las imágenes descritas de edificios iconográficos aparecen como evidencias de poder, símbolos de la autoridad estatal o de los flujos financieros internacionales y la celebración de formas de producción y consumo.

Otro aspecto recurrente de los estudios urbanos tradicionales es cómo se organizan las ciudades. El diseño de la ciudad moderna de la postguerra se ha conformado de manera ambivalente, donde la ciudad y su afán por el orden genera todos sus contrarios como: el desorden, la falta de libertad, la desigualdad y deterioro de lo público.

El análisis de la vida cotidiana nos acerca a lo que sucede en las calles y a la liberalización que “ha intensificado su asalto a las cualidades de la vida cotidiana” (Harvey, 2010).

Cito al urbanista David Harvey: “Solo cuando se entienda que quienes construyen y mantienen la vida urbana cotidiana tienen el derecho primordial a lo que han producido, y que una de sus reivindicaciones es el derecho inalienable a adecuar la ciudad a sus deseos más íntimos”.

De ahí que las crónicas urbanas reivindiquen la incorporación de las personas en los procesos de formación de las ciudades, y nos hablen de lo que no se trata y no debe ser: procesos desvinculados de la vida de las personas de todos los días: los usos sociales, las apropiaciones constantes, el significado simbólico y las experiencias de la ciudad.

La ciudad es, entonces, un entramado de espacios de representación, usos y apropiación del espacio a través de prácticas y de usos cotidianos. En contraste con la pre-asignación de los usos, los lugares se transforman o existen gracias a un conjunto de adaptaciones y disidencias frente a estas representaciones del espacio de la ciudad. Es decir, no se debe confundir con la idea de que el espacio es contenedor de una actividad que lo define, como lo plantea el diseño y la planeación de la ciudad transparente, legible y funcional. De acuerdo con el urbanista Henry Lefebvre, el espacio es socialmente producido, los espacios “parecen abstractos o neutrales, pero siempre son parciales y políticos”.

 

Mónica Olmedo-Muñoz

Profesora-investigadora Especial Cátedras CONACYT, adscrita a El Colegio de Sonora.

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