El asalto a la razón

Segob no entendió la suprema orden


¿Por qué Cienfuegos lo ocultó y Sandoval se tardó tanto en acatar la instrucción de AMLO?

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Obsedidos por implicar al Ejército en la matanza de Los 43 pero indignados por la nueva confirmación de que los jóvenes fueron asesinados por Guerreros Unidos y por nadie más, a los detractores de la “verdad histórica” les queda sin embargo una rica veta por explotar, no para necear en el “crimen de Estado” pero sí para acusar a la Secretaría de la Defensa Nacional de negligencia y haber ocultado en cuatro años de peñanietismo y dos de la 4T lo que sus mandos conocieron la tarde-noche del 26 de septiembre de 2014, mientras los levantados todavía
estaban vivos.

No solo: con las inauditas revelaciones del viernes, ahora pueden imputarle sólidamente cuando menos el probable delito de omisión porque, teniendo la oportunidad, nada hicieron mientras el crimen estaba en curso, antes de que los estudiantes fueran entregados a sus verdugos.

La investigación de la extinta PGR no solo adolece de lagunas y fallas procesales, sino está salpicada de arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos, pero conviene tener en cuenta que en solo 33 días (atrajo el caso una semana después de que la Fiscalía de Guerrero inició las primeras y atinadas investigaciones) Jesús Murillo Karam expuso la sustancia de lo sucedido: el levantón policiaco, la transferencia de los muchachos a los sicarios, las ejecuciones, la quema de “muchos o todos” en el basurero de Cocula y la tirada de los despojos carbonizados en el río San Juan. Semanas después, con uno de los restos, fue identificado en Innsburck
Alexander Mora y en 2015, con Arely Gómez como procuradora, se reconoció a Joshivani Guerrero.

Con la 4T, nada de lo hecho por la comisión de la verdad y la fiscalía especial del caso ha desmentido la esencia de lo dicho por Murillo, pero sí descubrió a 800 metros del muladar un fragmento con que fue identificado un tercer normalista, Christian Rodríguez. El resto de sus desaseadas actuaciones conducen a una maraña de “líneas” que no reportan alguna “verdad” que contradiga a la “histórica”.

¿Por qué la Sedena entregó apenas los explosivos contenidos de intercepciones seguramente clandestinas? Muy probablemente por lo mismo: se realizaron de manera ilegal.

¿Y por qué fueron dadas a conocer por la Secretaría  de Gobernación? Todo indica que se equivocó: mal entendió la orden del presidente López Obrador de que se hicieran públicas todas las versiones militares. Pero el comandante supremo se refería a las declaraciones ministeriales que, aunque se difundieron, aparecieron tachadas en casi la totalidad de sus contenidos, y de ninguna manera a los alambreos extrajudiciales que practica el Ejército.

A pocos días de la noche de Iguala, Murillo me dijo (El asalto… de MILENIO TV) que, de haber actuado los soldados del Batallón 27 de Iguala, lo lógico habría sido, al calor de las movilizaciones y persecuciones, que apoyaran a los policías municipales.

Lo incomprensible y muy grave, hoy se sabe, es que el Alto Mando supo a tiempo, pero no hizo nada, que a los muchachos los iban a matar…

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