El asalto a la razón

Costo en vidas de vacunar ‘morelitos’


La manipulación de los ingenuos es grotesca: los “servidores de la nación” fueron apodados así para inducir el mensaje subliminal de establecer un parangón entre aquellos y “el siervo de la nación”, José María Morelos. Son los repartidores de dinero entre los pobres, que durante el primer año de la “4T” se identificaban por vestir chalecos con el bordado “Lic. Andrés Manuel López Obrador”. Para levantar un oscuro censo, recorrían casa por casa localidades marginadas pasándose por mensajeros del “señor Presidente” pero, gracias al INE, desistieron del engaño.

Después de todo, esas dádivas no son regalo personal de nadie ni deben usarse para la promoción de nadie, pues provienen del erario, o sea de los contribuyentes.
40 mil de ellos, cuatro en cada una, forman parte de las 10 mil “brigadas de vacunación” que, conformadas por 12 personas, gozarán de la vacuna en cuanto se comience con la población mayor de 60 años.

Los demás integrantes son: cuatro militares, dos “voluntarios” y dos de los servicios de salud.

Por instrucciones del presidente López Obrador, a esos “morelitos” les aplicarán vacunas anti-covid antes que a las viejitas y viejitos: “Se decidió que sean los médicos, las enfermeras, el personal de salud y los ‘brigadistas’. Sí ‘porque son brigadistas’, cuatro de Fuerzas Armadas, cuatro ‘promotores’ (“servidores de la nación”) y dos del sector salud los que vacunan”, comentó sin mencionar a los otros dos “voluntarios”.

Con aritmética simple, no solamente los cuatro empleados de la Secretaría del Bienestar, sino también los otros ocho debieran recibir el mismo trato. Esto arroja un total de 120 mil favorecidos pero, si los únicos dos que saben vacunar ya fueron inoculados (como se supone ocurrirá con todo el personal sanitario), la cifra queda cerrada en 100 mil.

Si en estos días los decesos por la pandemia promedian de alrededor de mil por día, vacunar a los meros acompañantes del personal de salud significa que 100 mil adultos mayores y/o pacientes de enfermedades crónicas vulnerables a Covid-19 será el costo de vidas por vacunar a brigadistas que simplemente no se necesitan.

La estrategia es política, no sanitaria.

Es una marranada.

“Fuera máscaras”, suele decir López Obrador, y por lo mismo aquí propuse ya que habiliten como centros de vacunación los locales distritales de Morena.

Con tan sólida experiencia de las instituciones de Salud mexicanas en materia de vacunación (más de 30 millones de personas atendidas en cada temporada anual de influencia), el reto de triplicar el esfuerzo y el personal debe acometerse en los establecimientos públicos del sistema sanitario (sobre todo el Seguro Social), en las casi 50 mil instalaciones con que se cuenta, pero también en todo tipo de inmueble médico privado, incluidas las 300 mil farmacias del país, los dispensarios parroquiales, las escuelas, los gimnasios, las plazas públicas, los estadios, los estacionamientos de centros comerciales, los mercados populares y dejar para cuando se pueda los 40 mil innecesarios “morelitos”.

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