El asalto a la razón

Vulgar uso político de las vacunas


Con la probada experiencia que las instituciones de salud pública de México tienen en sus campañas de inoculación contra la influenza estacional, que ahora se pretenda vacunar contra la peste a los viejitos y viejitas en los mismos 10 mil centros donde hacen colas para que el Gobierno de la 4T les reparta dinero es profundamente inmoral y más durante el año de las elecciones más copiosas, complejas y reñidas de la historia.

Peor: el plan contempla la integración de igual número de brigadas que se conformarán con 12 personas, en las cuales el personal médico será de solo tristes dos.

Y lo peor de lo peor: se quiere comenzar por las localidades más apartadas o de difícil acceso en la geografía nacional, donde la pandemia no alcanza las proporciones de alarma que se sufre en las ciudades con mayor densidad poblacional.

¿Primero en un poblado aislado en alguna sierra o desierto que en Puebla, Monterrey o la zona conurbada de Ciudad y el Estado de México? ¿Los mayores de 60 años que habitan en Iztapalapa serán atendidos después de los que viven en alguna región agreste de San Luis Potosí?

Fácil comprender la magnitud del insensato Plan Nacional de Vacunación anunciado por el Presidente de la República y su inexplicable mariscal antipandemia (de quien afirma: “No hay un funcionario en el mundo que tenga las características de Hugo López-Gatell”. ¡Y tiene toda la razón!): las variedades de influenza conocidas antes del nuevo coronavirus tienen un componente de riesgo semejante, pues atacan más a las personas con sobrepeso, diabetes, vulnerabilidad pulmonar o alta presión arterial. Y sin que se requiera de los centros donde la Secretaría del Bienestar entrega los apoyos económicos, anualmente se aplican de 32 a 33 millones de vacunas entre octubre y abril, todos los años.

En el caso de las no plenamente definidas todavía y que se esperan con angustia, los expertos recomiendan aplicarlas a mayores de 16-17 años, lo que da un total aproximado de 90 de los 126 millones de mexicanos que somos. Con el 75% que reciba la vacuna, dicen, se alcanzaría la inmunidad poblacional (mal llamada “de rebaño”) que se requiere.

Aritmética simple: si para 32-33 millones que se vacunan contra la influenza estacional en apolíticos centros de salud, unidades del IMSS-Bienestar, hospitales comunitarios, centros de salud y escuelas (pudieran aprovecharse los dispensarios parroquiales), ¿por qué para el doble de aplicaciones la 4T impone brigadas con militares, “voluntarios” (quién sabe con qué experiencia), cuatro sospechosos “servidores de la nación” (los que reparten la lana) y sólo dos con práctica en la inyección de vacunas? ¿Y por qué en los 10 mil centros de los apoyos sociales que huelen a electorales?

¿Y en todo el año?

La atención preventiva y curativa de la medicina pública en México nunca ha dependido ni estado relacionada con la política partidista.

Fuera máscaras: que la vacuna se aplique también en las oficinas distritales de Morena…

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