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Diseño para la vida


Podemos definir el diseño como un proceso previo de imaginación y creatividad, ya sea para solucionar alguna necesidad en cualquier campo como la arquitectura, ingeniería, industria y las demás disciplinas en las que se requiera este desarrollo o como el proceso de manifestación estética en las áreas de las bellas artes.

En el campo de la arquitectura, se avoca a espacios para el ser humano y su existencia. Considera la función, la estética, la simbología y sus significados. En pocas palabras, el arquitecto diseña espacios donde el ser humano nace, vive y muere.

Como referencia, Marco Vitruvio, en su tratado “De Architectura” del Siglo I A.C., propone tres principios básicos a saber: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas), definiendo la arquitectura como un equilibrio entre estos tres elementos manifestados. ¿Cumplirían los diseños arquitectónicos y espaciales realizados en nuestros tiempos con los principios anteriores?

La crisis de salud pública que está presente después de  un año a nivel mundial nos ha puesto a reflexionar acerca de la vivencia de los espacios en un confinamiento obligatorio. Estamos viviendo y existiendo más tiempo en un solo lugar, lo que nos ha hecho conscientes, de cierta manera, de las carencias de nuestro hábitat.

Elementos imprescindibles como la ventilación y la iluminación natural han quedado en el olvido. Se ha querido suplir con máquinas lo que nos proporciona la naturaleza, contribuyendo, no a mejorar la salud física y psíquica de las personas, sino al detrimento de la misma.

Esto se repite en los edificios de salud, educación, edificios públicos y privados sin distinción alguna. Un artículo leído anteriormente (Viridiana Zavala, Revista Nexos, 2021) menciona que “entre los años cuarenta y setenta, existió una preocupación real por cuestiones de higiene y salubridad, tanto así que los esfuerzos de promover la salud pública a través de la arquitectura llegaron a formar parte esencial de la política de reorganización social desde el Estado”.

Se habla también de que se consolidó una dupla médico-arquitecto que resultó en el diseño, proyecto y construcción de hospitales que privilegiaron los espacios iluminados y ventilados de forma natural, incluyendo áreas verdes en sus alrededores para una mejor oxigenación; esto se logró aún con una economía pública que no permitía el acceso a los servicios de los países desarrollados
en esos tiempos.

Debido al éxito de los resultados obtenidos, esta intervención de los arquitectos se implementó en la infraestructura educativa, incluyendo hasta el diseño del mobiliario para los estudiantes y así fomentar las mejores condiciones de aprendizaje.

Ahora, como reflexión para los arquitectos y los profesionistas involucrados en el diseño de los espacios en estos tiempos de pandemia: ¿realmente estamos aportando lo mejor de nuestra profesión para el bienestar común?, ¿los colegios y asociaciones están procurando aportar socialmente las prácticas y servicios que mejoren nuestras condiciones de vida?, ¿Las empresas desarrolladoras cumplen con el lema “Socialmente responsables”?.

Los ejemplos actuales de arquitectura y espacios públicos nos hacen pensar que no estamos diseñando para la vida: estamos diseñando apresurados no sólo por las exigencias de los tiempos donde el mercado inmobiliario es el que diseña, donde existe una preocupación por las redes sociales y la tecnología sino por el ser.

Tal vez, deberíamos tomar la responsabilidad que nos corresponde, tal vez…

El autor es Arquitecto y Maestro en Valuación Inmobiliaria e Industrial.
Estudios en Administración de la Construcción, Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial, y Diplomado en Protección Civil.
jlmorch@hotmail.com

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