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Ser como las palmeras


*PARA SABER

Contaba el papa Francisco que antes de ser elegido Papa, atendió a un anciano moribundo, un hombre muy bueno. Antes de recibir la Eucaristía y la Unción de los enfermos, le dijo: “La vida se me ha pasado volando”, como queriendo decir, “creí que era eterna, pero… se pasó volando”. El Papa señalaba que “para cada uno de nosotros el tiempo en el que podemos aceptar la redención es breve”.

Por ello, en esta Cuaresma nos invita a aprovechar este tiempo para volver al Señor. Siendo breve el tiempo, para aprovecharlo mejor hay que llenarlo de amor: a Dios y al prójimo, dando testimonio de cristianos. El papa Francisco se preguntaba: ¿hacen falta estos testimonios de bondad cuando en el mundo se propaga la maldad?

¿Para qué sirve rezar y perdonar? ¿Sólo para dar un buen ejemplo? Y respondía: Sirve para mucho más, porque los gestos de amor… ¡son capaces de cambiar la historia! Incluso los pequeños, ocultos y cotidianos. Porque Dios guía la historia a través del humilde valor de quien reza, ama y perdona.

Como ejemplo el Papa recordó a san Esteban, que al rezar y perdonar a quienes lo lapidaban injustamente, sembró una luz en Saulo, quien “aprobaba su muerte”. Después, por la gracia de Dios, Saulo recibe la luz de Jesús, y viene a ser Pablo, el más grande misionero de la historia. Y la historia cambió. También muchos santos ocultos, cambian la historia con pequeños gestos de amor.

*PARA PENSAR

Cuentan de una señora que estaba muy disgustada con su vecina porque se enteró que tendría una reunión en su jardín en la tarde y no la había invitado.

Pero en la mañana, la vecina fue a su casa y la invitó a la reunión que tendría por la tarde en su jardín, pero la señora le dijo: “Lo siento es demasiado tarde”. La vecina preguntó por qué era tarde.

La señora contestó: “He estado rezando pidiendo que llueva  mucho esta tarde”. La envidia lleva a no desear la  alegría ajena. Es uno de los pecados llamados “capitales” porque de él se derivan muchos otros, que son como sus “hijitos”: se critica, se habla mal de los otros, se miente, se cae en chismes, se falta a la caridad, se menosprecia, etcétera.

*PARA VIVIR

Ser testigos de Cristo es reflejar la luz de Jesús, quien es la luz verdadera que brilla en las tinieblas. El testigo hace brillar esa luz cuando responde con el bien al mal, cuando no cede a la
violencia, a la mentira, a la envida, sino que rompe la espiral del odio con la mansedumbre del amor. Estos testigos iluminan el alba de Dios en las noches del mundo.

Como san Esteban, estamos llamados a ser testigos de Jesús. Eso es ser cristianos. Ser testigos de una vida extraordinaria a través de gestos comunes.

En el lugar donde vivimos, en la familia o el trabajo, aunque solo sea huyendo de las habladurías y los chismes, regalando la luz de una sonrisa, y en vez de criticar o quejarnos, rezar por quienes se equivocaron. Podemos transformar el mal en bien cuando en una discusión, en vez de querer prevalecer, intentemos resolver, perdonando a quien ofende.

Pequeñas cosas, pero cambian la historia, porque abren la ventana a la luz de Jesús. El Papa recordó un hermoso proverbio: “Haz como la palmera, le tiran piedras y deja caer dátiles”.

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