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A medio camino de alcanzar un salario mínimo digno


(SEGUNDA PARTE)

Desde hace casi cuatro décadas se ha sacrificado el nivel de vida de los trabajadores a través de una estrategia gubernamental utilizada como un dogma inamovible en la que el salario mínimo ha sido usado como “ancla para la inflación”; esto es, se busca detener el incremento de la inflación a costa del salario de los trabajadores. De este modo, en los tres últimos sexenios previos al año 2000, el salario mínimo tuvo disminuciones constantes que alcanzaron el 7% anual. A su vez, en los sexenios de Fox y Calderón se mantuvo estancado, sin incrementos, mientras que en el de Peña Nieto tuvo una tasa de crecimiento medio anual de 2%. (Cálculo efectuado en base a datos oficiales de CONASAMI e INEGI).

En el país, el promedio de integrantes por hogar es de 3.8, y en cada hogar hay 1.6 personas ocupadas, por lo que la tasa de dependencia promedio es de 2.4. Tomando en cuenta ese dato, un trabajador debería recibir al menos 259 pesos diarios para mantener dignamente un hogar promedio mexicano.

El aumento del salario mínimo, hasta alcanzar dichos 259 pesos diarios, sería una medida necesaria para que el estado mexicano deje de incumplir la Constitución. Por mucho tiempo, ciertos sectores empresariales y gubernamentales se han opuesto a su aumento, basados en el mito de “aumentar el salario mínimo desataría una espiral inflacionaria”.

La realidad es que “al aumentar 10% el salario mínimo, el nivel de precios aumenta, en promedio, sólo 0.4%”, como señala HYPERLINK “https://www.huffingtonpost. com.mx/equipo-de investigacion- de-oxfam-mexico/el-aumento-al-salario-minimo-es-bueno-pero-no-es-suficiente_a_23621537/”OxfamHYPERLINK” https://www.huffingtonpost.com.mx/equipo-de-investigacion-de-oxfam-mexico/el-aumento-al-salario-minimo-es-bueno-pero-no-es-suficiente_a_23621537/” México.

De igual manera, el impacto de la crisis económica en los ingresos laborales, ha aumentado casi 10 puntos porcentuales la pobreza laboral según la mide CONEVAL, alcanzando 45%. Esto quiere decir que casi la mitad de los trabajadores en México recibe ingresos laborales menores a la línea de pobreza extrema; es decir, que no reciben siquiera lo suficiente para poder pagar la canasta alimentaria.

Sin embargo, los aumentos al salario en 2019 con un incremento de 16 por cierto y otro 20 por ciento en 2020, no desataron la espiral inflacionaria que se esperaba de ser ciertas proyecciones catastrofistas basadas en el antiguo dogma de mantener la precariedad salarial, ya que la inflación sigue dentro del objetivo del Banco de México, ubicándose entre 3 y 4 por ciento anual, guardando en todo momento proporción y estabilidad con las variables económicas.

En la experiencia internacional, mantener de manera sostenida y ordenada los incrementos salariales (nadie aboga en la actualidad ¨aumentar el salario por decreto¨) crea un círculo virtuoso: se favorece a los trabajadores y al aumentar su capacidad de consumo las empresas locales también se ven beneficiadas. Así ha sucedido en todos los países así reconocidos como de primer
mundo tanto en sus variables de economía macroeconómica como en la calidad de vida de sus habitantes.

La evasión de impuestos, bajos salarios y malas condiciones de trabajo no pueden seguir siendo la mayor ¨ventaja competitiva del país¨.

La Constitución en su artículo 123 establece que el salario mínimo “deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”.

Resulta de mínima justicia que algún día se materialice este ordenamiento de la carta magna para elevar en general el nivel de la calidad de vida en nuestro país.

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