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El poder de la estrategia


En las empresas, generalmente el paso del tiempo es relativo, la operación diaria hace que los días, semanas, meses y años, pasen “volando”; es normal, que una actividad se arrastre por semanas como pendiente, para dar paso a prioridades ya sea de venta, operación o de inversión.

Esto no tuviese ningún efecto de no ser porque en ocasiones esas actividades pendientes no operativas, son aquellas relacionadas con la mejora continua, la alineación estratégica, el crecimiento, la fidelización, la diversificación, la integración y hasta con la liquidez de la empresa.

En mi gestión como consultor, soy testigo de la lucha de los directores por hacer un espacio en sus apretadas agendas, en ocasiones muy cargadas en el área comercial, otras en lo logístico y otras en lo administrativo, según su afinidad; pero más que luchar contra las tareas es una lucha contra ellos mismos y su inercia a la operación y resistencia al cambio, y en los menos de los casos disciplina (que no es lo mismo que rutina).

¿Valdrá la pena este esfuerzo?

La respuesta es claramente sí.

La estrategia da rumbo a la empresa, certidumbre, y crecimiento, incluso a nivel personal.

Una empresa que se guía por los rumbos a los que la lleva el mercado sin limites o contrapesos, sin duda será susceptible de desencuentros, y eventualmente llegar a ser dependiente de cierto mercado o incluso de ciertos clientes.

La estrategia empieza en el pasado: ¿desde dónde venimos?, ¿qué rumbo traemos?, ¿qué hacemos y qué no hacemos?, ¿por qué?; continúa en el presente: ¿en qué posición estamos? ¿qué mediciones tenemos en la empresa?, ¿cuáles no tenemos y cuáles nos hacen falta?

Es en esta etapa donde al director le conviene apoyarse en más cabezas, desde los propios colaboradores hasta los proveedores, clientes y consejeros o consultores externos, que enriquezcan la toma de decisión, que finalmente ha de ser sólo de la figura directiva.

El proceso puede ser doloroso ya que el implementar una estrategia por primera vez equivale a iniciarse en el ejercicio, hay dolores, desde cambio de hábitos, cambio de personal, inversiones, desinversiones, etc., pero el resultado es muy interesante, ya que independientemente de las metas logradas, el poner a la empresa en movimiento, es decir, seguir operando mientras se mueve de su zona de confort, hace que se abran por este sólo hecho, nuevas posibilidades, nuevas metas (que se podrían a pensar como imposibles), nuevos liderazgos emergen, y se manda un poderoso mensaje de renovación y diferenciación, al entorno de la empresa (muy necesario hacia proveedores, clientes y colaboradores) en resumen, la empresa cobra vida y energía, y se hace cargo de su propio destino.

El autor es consultor y director de 3TCConsulting.
eduardo.estrada@3tcconsulting.com

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