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Ojalá


Ojalá que todas nuestras instituciones funcionaran, que dieran resultados en el deporte, transparencia, rendición de cuentas y educación; que garantizaran elecciones limpias y resultados confiables, que los programas sociales ayudaran de verdad a que la gente superara la pobreza; que se protegiera a las mujeres que viven situaciones de violencia extrema; que los derechos de las niñas, niños y adolescentes se defendieran de manera feroz, que los adultos mayores gozaran de protección ante los abusos; que la ciencia se desarrollara y fuera motivo de orgullo nacional, que no faltaran medicamentos y equipo para salvar vidas, que el sector médico tuviera acceso a sueldos dignos; que México ocupara los primeros lugares del mundo en turismo, que las pequeñas y medianas empresas tuvieran todo a su favor para convertirse en grandes empresas; que quienes dirigen todas las instituciones tuvieran el perfil requerido y entonces, las decisiones las tomaran las mejores mujeres y hombres que tiene México; que los presupuestos que se destinaran a las instituciones, realmente les permitieran dejar de subsistir en la precariedad.

Ojalá que entonces, cuando las instituciones se fortalecieran, por fin tuvieran sentido para la gente, sencillamente porque tendrían un impacto positivo y real en sus vidas, en algún momento y de alguna forma, al pasear en algún parque de diversiones público, al transitar por caminos bien hechos y seguros, al llevar a sus hijos e hijas a escuelas oficiales con excelencia en calidad educativa e infraestructura digna, al acceder a una justicia que haya dejado de revictimizarles, al no tener que suplicar a gobernantes por medicinas para sus hijos e hijas, al habitar pueblos y ciudades en donde el medio ambiente se cuide, al vivir tranquilos porque la vida de mujeres, niñas, niños, adolescentes y personas de la tercera edad se respeta, y por ende, un feminicidio, homicidio infantil o agresión en contra de un adulto mayor jamás quedaría impune y nunca sería parte de la normalidad.

Ojalá que quienes lideraran las instituciones dejaran de lado esos trillados discursos de austeridad, que dejaran de prometerse bajarse el sueldo, y en cambio, dieran resultados con indicadores en la mano, planearan y dejaran de improvisar día a día.

Ojalá que en todas las instituciones estuvieran solamente personas con vocación por el servicio público y ojalá que los gobernantes en turno se empeñaran en fortalecer más y cada vez más todas y tantas instituciones que tiene este país para todo, lejos de desacreditarlas, ignorarlas, empobrecerlas, quererlas minimizar o desaparecer, ocuparlas con personas no aptas, inadecuadas e incompetentes, o peor aún, con familiares. Ojalá que se dejara de debilitar a nuestra democracia.

Ojalá que el escándalo reciente que involucró al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, (Conapred), nos sirviera como lección, para defender con la debida garra a las instituciones que son esenciales para nuestra democracia, que a final de cuentas es la que nos permite vivir en libertad.

La autora es especialista en Derechos Humanos, Democracia, Niñez y Política Pública.

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