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Aptitud y actitud ante el riesgo


En retroalimentación del artículo ‘De perfiles a perfiles’ me preguntaban ¿cuál sería el perfil para un titular de Protección Civil?

Aprovecho para reafirmar que un perfil de puesto se compone de dos vertientes, la aptitud y la actitud de la persona.

En la primera se considera la preparación intelectual y la experiencia en la materia.

Quiero también aclarar que aunque nacional y tradicionalmente se le sigue llamando protección civil, hoy en día se debe aspirar a la gestión del riesgo de desastres, la cual tiene un enfoque más integral, por lo que, aun cuando generalmente el puesto no se considera en un primer nivel jerárquico, el aspirante sí debe tener un nivel intelectual importante, ya que la taxonomía de sus actividades requiere la comprensión y el análisis, en este caso, de los riesgos que como dicen los expertos, es una probabilidad de que un evento adverso se materialice frente a un agente vulnerable.

Entonces, la visión prospectiva, sistémica, espacial y metodológica tiene una significación relevante.

De igual manera se requiere preparación en la toma de decisiones con táctica y estrategia, no como primer respondiente de la emergencia, sino como coordinador en el ámbito de su competencia de las distintas capacidades de las instituciones de apoyo y manejo de la comunicación social de la crisis en sus diferentes fases.

Pudiera entonces resumir estas capacidades en el dominio de los siguientes cursos: Programa Especial de Protección Civil, Mapas de Riesgos, Sistema Comando de Incidentes y Comunicación del Riesgo.

Entonces ¿dónde queda la experiencia?, aquélla que se refiere a un conjunto de conocimientos que se adquieren en la vida, al haberlo realizado, sentido, gozado o sufrido en un período de tiempo, y que no implica será la adecuada o la correcta, ya que no necesariamente será experiencia positiva.

Pues bueno, la experiencia nutrida del conocimiento y el desarrollo intelectual sirve precisamente para la segunda vertiente, la actitud, que se refiere a las características personales (sin género) que se desarrollan en el tiempo con formación ética y de valores como ser confiable, productivo, líder, sociable, sensible, empático, saber trabajar en equipo, desarrollar relaciones productivas y eficientes.

Al evaluar un perfil de puesto, se debe hacer bajo dos enfoques: desarrollo y desempeño.

El conocimiento es ilimitado y por ello, el desarrollo también lo será hasta que la persona muera, siempre será necesario aprender, la gestión integral del riesgo de desastres es amplia y multidisciplinaria, no existe persona que domine todas las áreas del conocimiento que intervienen en ella, pero siempre existirán personas que se preocupen y ocupen por actualizarse permanentemente.

Sobre el desempeño, podremos decir que será la consecuencia de todo lo anterior.

Quien trabaje en ser mejor día a día, obviamente será una persona de resultados que cumplirá las metas y objetivos de sus programas de trabajo.

En fin, un puesto que jerárquicamente en la mayoría de las administraciones públicas es de segundo nivel, requiere personas de primera.

El autor es Presidente Nacional del Colegio Mexicano de Profesionales en Gestión de Riesgos y Protección Civil, A.C.

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