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El famosísimo Dr. Google


No cabe la menor duda de que estamos viviendo tiempos muy interesantes con respecto a la tecnología y al manejo de la información.

Recuerdo haber realizado en mi niñez mis primeras operaciones aritméticas contando con mis dedos o con la ayuda de un ábaco. Si algún estudiante de escuela primaria tenía la osadía de intentar usar una calculadora recibía tremenda reprimenda ejemplar.

Puedo presumir que soy de la generación que le tocó ver la inclusión de las palabras computadora e internet en el diccionario.

En mi adolescencia anunciaban que en el futuro cercano podríamos hacer vía internet transacciones bancarias, obtener cualquier información y hasta chatear con alguna novia virtual aunque ésta se encontrara en Ucrania.

Recuerdo también que en la Facultad de Medicina solíamos hacer largas filas para obtener fotocopias de las revistas médicas más nuevas en la biblioteca.

A veces esperar varios días a que alguien regresara el libro que tú necesitabas para completar tus asignaturas.

El acceso a la información era lento y costoso.

Te reto a que le preguntes a tu hijo la definición de la palabra biblioteca y probablemente escucharás como respuesta “lugar oscuro donde Harry Potter aprendió sus lecciones y hechizos”.

Pues bien esta metamorfosis con respecto a la informática y al acceso a la información es el alma mater de nuestro colega médico, el famosísimo Dr. Google.

Este personaje aunque no usa bata blanca cuenta con toda la información al instante.

Es el amo de las conversaciones en los eventos sociales y capaz de diagnosticar y tratar casi cualquier enfermedad.

Todo esto fuera perfecto, si no fuera que el Dr. Google es bipolar, es decir, es capaz de darte el mejor de los consejos, pero por otro lado puede confundirte o influenciarte de manera negativa para que tomes una decisión inadecuada. El libre acceso hace que cualquier persona pueda subir a la red información tendenciosa e incluso falsa.

Definitivamente Dr. Google es una herramienta muy útil y válida, sólo que hay que tener el razonamiento preciso para identificar la información médica útil con la que no lo es.

Mi consejo es que le des la oportunidad a tu médico a que te oriente y recomiende en su caso cuáles son páginas adecuadas para obtener información de tu enfermedad.

Te recomiendo buscar información para pacientes en las páginas de universidades confiables, asociaciones y colegios médicos, tomar nota de tus preguntas y dudas y comentarlas con tu médico.

Así formarás parte fundamental de las decisiones que se tomen en conjunto con respecto a tu enfermedad.

 

Ricardo Monreal Molina 

El autor es Cirujano por la Universidad Autónoma de Guadalajara, Médico Especialista en Ortopedia por la UNAM, Posgrado en Cirugía de Columna Vertebral, Presidente de la Sociedad de Ortopedia y Traumatología del Noroeste Colegio, A.C. y Miembro del Comité Médico del CMB. Jefe de los Servicios Médicos de la H. Comisión de Box, Lucha Libre y AMM de Sonora

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