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eJEMPLAR | Guillermo Munro, un pescador de historias


Especial / EXPRESO.

HERMOSILLO, SON.- “Hijo y nieto de pescadores, mis tíos eran pescadores, y yo también… Pero de historias”, expresó Guillermo Munro Palacio, el escritor sonorense que creó el guion de la película “Sonora”, que originalmente llevó por nombre: “La ruta de los caídos”.

Hoy, el agradable adulto mayor de 77 años de edad, compartió en entrevista exclusiva para EXPRESO su travesía de vida, del ámbito literario, y también, del cinematográfico, logrando convertir su guion en una película con bastantes nominaciones y reconocimientos.

El originario de Hermosillo comentó que ha vivido en varias ciudades, y ha vivido de diversas actividades; 20 años de fotógrafo, 9 años en bienes raíces, 6 años en el Ayuntamiento de Hermosillo y en la Casa de la Cultura, además de haber empezado con el diseño gráfico.

Hoy en día escribe y pinta. “Yo estudié en la Ciudad de México lo que se llamaba en aquel entonces ‘diseño publicitario’, hoy, gráfico. Viví en Mexicali unos 3 meses y me salió la oportunidad con un cuñado, de ir a Texas en una compañía para hacer espectaculares en serigrafía, y también a mano, los montábamos en la carretera también.

“Duré del ’66 al ’68 ahí, luego me fui a Puerto Peñasco porque me salió oportunidad de trabajo, con todo y esposa. En el 69, como en mayo o julio, me vine a Los Ángeles y trabajé como 9 años en un grupo que creo que todavía existe, ‘Nosotros’, de actores latinos”, platicó al recordar sus inicios en un camino que poco a poco lo llevó a lograr una meta.

Al estar en el grupo “Nosotros” se percató de  que no había tantas producciones de películas y series con actores latinos, por lo que se puso a estudiar teatro, cinematografía, publicidad, radio,  televisión, a la par de empezar a escribir sus ideas para ayudar al grupo.

Visita Hollywood

Tras ello, en 1975, se inició un proyecto interesante y experimental en Hollywood, en donde profesionistas del cine compartían su conocimiento a través de pláticas que abarcaban edición,  fotografía, dirección, y más, donde afortunadamente él tenía pagado su lugar y asistió a una plática de aspectos legales de la cinematografía, impartida por el presidente de Universal Studios.

“Cuando terminó, lo abordé y en inglés le dije que pertenezco al grupo ‘Nosotros’, y quiero, estoy interesado, en hacer una película o escribirla para ellos, y le pregunté ¿qué necesito tener o hacer?

Y  me dijo: ‘Mira, lo que hay que tener primero, es una historia o un guion, o los derechos de uno para firmarlo’, y empezó a hablar en español. “Vio que me sorprendí y me quedé viéndolo, ‘Yo soy argentino’ me dijo, ‘pe- ro estudié aquí mi carrera y ahora soy abogado especializado en cine y tengo una compañía grande’, y me dio su tarjeta, era de los abogados en Hollywood muy famosos en aquel tiempo, ahora no sé”, platicó.

Desde entonces, se dispuso a leer muchos guiones y libros, todo lo que podía encontrar y relacionarse con ello, hasta que encontró “Con su pistola en la mano”, de Américo Paredes, un profesor de
música en la Universidad de Austin, Texas.

Por dicha obra, se propuso comprar los derechos del libro, por lo que acudió a su oficina para agendar una cita, donde lo recibió un joven que le comenzó a ayudar en el proceso, y así duró 5 meses, mandando cartas y viajando varias veces para poder convencer a Américo.

Las voces del mar

Un día volvió a viajar a Austin y por fin logró tener una reunión con Paredes, quien le dijo que los derechos los tenía la universidad donde no querían soltarlos, por lo que le propuso revisar
otros archivos que él tenía, los cuales Guillermo compró y le sirvieron para escribir más obras.

“Hice la de un vaquero que no hablaba inglés y que en algo se confundió, causando que lo persiguieran por todo Texas, y se me hizo interesante porque la mayoría de los personajes eran mexicanas. Lo registré y se lo entregué a los productores en Los Ángeles, y como en dos semanas me responden.

“Me dicen que está la oportunidad de venirme a Puerto Peñasco, mi hermano Ernesto Munro se emocionó y siempre me ha apoyado en todo, me dijo: ‘Vamos a México, está bueno el libro y la película la filmamos ahí, en Sonora hay muchos caballos, ranchos y campo, convencemos a alguien’”, recordó.

Así fue como decidieron ambos crear sus negocios, uno de fotografía y otro de deportes, los cuales poco a poco fueron dejando de lado, pues Guillermo se enfocó en dirigir alrededor de 10 obras de teatro, hasta que tuvo que dejar de usar los auditorios por problemas del Municipio.

A la par del suceso, el padre de los hermanos falleció y entre sus pertenencias encontraron un escrito que dejó para Guillermo, el cual decía: “Escribo esto porque uno de mis hijos quiere que
escriba mi vida”, fue así que comenzó a ver y leerlo, para luego entrevistar a muchas personas y crear “Las voces del mar”, su obra que ganó el premio a la Mejor Novela, en 1992.

‘La ruta del desierto’

Tras ello, se encontró el libro “La ruta del desierto”, que le gustó mucho porque abordaba la historia de los choferes que hicieron el camino de Sonoyta a Mexicali cuando no había carreteras,  siendo un inicio para poder sacar cosas interesantes.

“Hice la sinopsis de eso y empecé como en el ’76, trataba sobre la Gran Depresión que pasaba en Sonora y Arizona, donde sacaban a los mexicanos de Estados Unidos y también en Sonora corrían a los chinos. Eran esas cosas y otras más que estaban sucediendo.

“Como la ley seca que había en Estados Unidos y que contrabandeaban desde Puerto Peñasco a Arizona, había americanos que hacían eso. Puse todo eso en el guion, que primero fue cuento, y después novela, la llamé ‘El camino del diablo’, y sobre eso escribí como 10 años en varias versiones en inglés y español”, detalló.

Con su novela asistió a varios festivales para presentarlo a directores, productores y actores, además de que sus 3 hijas le ayudaban a mandar cartas y copias para extender el alcance, y en una ocasión le dijeron que no llamaba la atención su guion porque había puros mexicanos y un chino.

Le dijeron que “esto no es comercial, necesitamos más blancos aquí”, y por ello agregó a un americano y un chicano, para tener más diversidad de personajes. Así pasaron varias revisiones hasta que cumplió 20 años de haber escrito la obra, hasta que cobró más vida gracias a una actriz con quien se topó Guillermo en Facebook.

“Vi una actriz de la que me gustó mucho su actuación, la película se llamaba “Las vueltas de citrillo”, fue muy buena y ella sólo salió unos minutos, era un pedazo. La vi también en Facebook y le escribí: ‘Mira, tengo un guion, en ese hay una mujer que es la chofer del carro, y sale desde la primera hasta la última parte de la película.

Me dijo que se la mandara por Messenger, y así fue. “A los 2 meses me llamó y me dijo si me parecía, que se la presentara a un productor y director. Le dije que sí, y a los 2 meses de eso, me habló un muchacho diciéndome que necesitaba conocer las carreteras de Sonora para filmar la película ‘La línea amarilla’.

Nos organizamos, me dijo que venía el director y productor, Alejandro Springall”, quien terminó siendo el director de su guion, años después.

La filmación en Sonora

Una vez que Alejandro visitó Sonora, se quedó enamorado del estado, pues en el primer viaje que tuvo con Guillermo pasaron mucho de su tiempo fotografiando el paisaje desértico, además de quedar impactado con su visita a El Pinacate, donde Springall supo que quería filmar una película.

En ese viaje, el director leyó el guion de Munro antes de haber visitado El Pinacate, y cuando Guillermo escuchó el deseo del di- rector, le dio una copia de la novela completa adaptada en inglés y español, de la cual, le dijo que quería hacerle una película.

Al mes, Alejandro le llamó y le comentó que  Bertha Navarro, socia de Guillermo del Toro, llevaba a cabo un festival del guion cada año, y en ese año la sede sería Oaxaca, por lo que lo invitaron para que presentara su guion y lo editara con la ayuda de profesionales.

Al estar en  el festival, Springall le dice que no puede producir la película porque no podían apoyarlo con dos produc- ciones, pero afortunada- mente Navarro y del Toro estaban muy interesados,
por lo que le ofrecieron dicha oportunidad y firmó contrato ahí mismo.

“El guion duró 4 años para que se prendiera, tuvimos que firmar una adenda para extender el contrato, pero se hizo en 2017 cuan- do comenzaron a filmar en El Pinacate. Guillermo Munro añadió que todos estos detalles se prestaron para la filmación que hoy en día ya tiene muchas nominaciones de grandes festivales cinematográfi- cos, y que también muestra gran parte de la cultura sonorense, dado que abarca paisajes de todo el estado.

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