Sonora

De maestro a guerrillero; Heriberto García dejó el gis por las balas para sobrevivir


Foto: Archivo/EXPRESO

HERMOSILLO, SON.- Han transcurrido 46 años desde que Heriberto García Leyva pasó de ser maestro rural a guerrillero de la hoy conocida Matanza de San Ignacio Río Muerto, quien fue el único cabecilla sobreviviente del enfrentamiento contra militares.

Dejar el gis por las balas fue una de las decisiones más difíciles que tomó, pero el luchar por los derechos ejidatarios de más de 400 campesinos en terrenos agrícolas del Valle del Yaqui fue más fuerte.

En entrevista para EXPRESO, comentó que este problema ocurrió cuando en México la XLIX Legislatura (1973-1976) de Diputados del Congreso de la Unión aprobó ciertas reformas a la Ley Agraria, lo que incrementó la presión por las demandas de tierras.

El cual señala que toda propiedad de la tierra y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional son pertenecientes a la nación, y ésta puede ser traspasada en forma donativa a particulares, constituyendo así la propiedad privada.

Además de que ningún propietario de tierras podría tener más de cien hectáreas, ante esta situación, mencionó que cientos de familias jornaleras solicitaron al gobierno federal de aquel entonces, algunas hectáreas del Valle; acusando que estaban siendo acaparadas por latifundios.

 

Reaccionan a las promesas sin cumplir

 

Al ver que solo recibían promesas sin cumplir, decidieron organizar el movimiento Comité Particular de Dotación de Tierras de San Ignacio Río Muerto, encabezado por Juan de Dios Terán y su servidor, detalló.

Se les prometieron muchas tierras y mientras organizábamos gestiones para los miembros del movimiento, nos dimos cuenta de que hubo un engaño por parte de la Secretaría de la Reforma Agraria, por lo tanto nos organizamos para la lucha”, explicó,

Ya que se impulsó la entrega de documentos solicitantes de tierra con determinados requisitos, pero el único que tenía el poder para decidir una dotación era la firma del presidente de la República”.

La petición era ser beneficiados con la dotación de tierras, pero en el debate se encontraba el asunto del amparo que interpusieron los dueños, con esto se truncaba cualquier lucha de los campesinos al no tener avances en el proceso jurídico.

Años y varios días de reuniones entre gobierno y demandantes, las negociaciones no concluían, por lo que se fueron en tren hasta Guadalajara y de ahí se trasladaron a la ciudad de México, donde sostuvieron una reunión en Los Pinos en 1974, pero no llegaron a un acuerdo.

El coraje se hizo presente cuando el mandatario federal se deslindó del problema, por lo que García Levya le hizo saber que pronto tendría noticias de ellos, y el 19 de octubre de 1975, un grupo de campesinos invadió el valle del yaqui Block 717, bajo el reclamo de que dichas propiedades eran suyas (de los campesinos) desde 1957.

 

La lucha

 

El 23 de octubre, un grupo de más de 200 policías judiciales del Estado de Sonora acompañados por efectivos del Ejército Mexicano se presentaron en el ejido para desalojar a los invasores, al negarse, comenzaron a retirarlos de manera brutal y siendo atacados con armas de fuego.

Contó que los campesinos poseían armas de fuego y fue él quien lanzó el primer disparo para anunciar que ellos también lucharían por sus derechos, y durante más de 15 minutos de enfrentamiento se tuvo un saldo de siete campesinos muertos y decenas de heridos.

Unos nos protegimos para luchar, otros corrieron para salvar su vida, mientras que otros fueron detenidos, muchos de los nuestros murieron pero nunca fuimos víctimas, sabíamos lo que íbamos a hacer, estábamos preparados” relató.

Lamentó la muerte de su amigo y compañero Juan de Dios Terán, uno de los primeros en fallecer mientras combatían detrás de un automóvil para evitar las balas, sin embargo, una ráfaga de balas alcanzó a atravesarlo.

Al intentar socorrerlo, dijo, recibió un balazo en una de sus piernas e intentó huir del lugar mientras continuaba disparando, pero al momento de cambiar el cargador de las balas lo aprehendieron y fue encarcelado, al poco tiempo fue puesto en libertad.

La noticia de la guerrilla se dio a conocer a nivel nacional, tanto que el Gobernador de Sonora de aquel año se vio obligado a renunciar 48 horas más tarde; y a finales de noviembre se puso fin a los conflictos agrícolas en el que se repartieron 287 mil hectáreas.

Declaró que es un capítulo de su vida que desea olvidar, pero en memoria de Juan de Dios Terán Enríquez, Enrique Félix Flores, Rogelio y Benjamín Robles Ruiz, Miguel Gutiérrez, Gildardo Gil Ochoa y Rafael López Vizcarra, -nombre de los guerrilleros abatidos-, es un recuerdo que persistirá hasta el día de su muerte.

Aclaró que desde entonces se conmemora a quienes dieron su vida por el bienestar agrario conocidos como los Mártires de San Ignacio Río Muerto, y en 2013 se promulgó el día 23 de octubre como fecha de Luto Estatal por el Congreso del Estado de Sonora.

 

Comparte su legado

 

En la actualidad, con la edad de 73 años, Heriberto disfruta de su familia en Ciudad Obregón, seis hijos, 12 nietos y dos bisnietas, con quienes comparte aquel recuerdo del que sobrevivió para contarlo, hombre que a pesar de su edad continúa en apoyo de las familias.

Actualmente ayudo a un sector de vecinos que invadieron un fraccionamiento aquí en la ciudad, viendo de qué manera podemos solucionar el problema y que lleguen a un acuerdo con las autoridades para no perder su patrimonio”, dijo.

Originario de un poblado llamado El Polvorón, en el Municipio de San Ignacio Río Muerto, se formó como maestro en La Escuela Normal Rural “General Plutarco Elías Calles” en Navojoa, donde participó en diferentes movimientos estudiantiles.

Así como estableció relación con grupos armados, con la Liga Comunista 23 de Septiembre y de otras organizaciones políticas de izquierda. Ya como egresado trabajó un año en una escuela primaria en el ejido Bateve y otro año en su poblado natal.

Durante ocho años laboró como director de una escuela en el poblado Singapur, y recordó que poco antes de la tragedia fue a despedirse de sus alumnos y padres de familia: “Pensé que no la libraría”.

Agregó que después del hecho histórico no se involucró en el medio educativo y se desempeñó en otros negocios personales así como disfrutar a su familia, pero indicó que la docencia siempre será parte de su vida.

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