URGE QUE alguien le haga llegar el memo a la CNTE para que se destrabe la negociación sobre la reforma educativa, pues para como van las cosas el asunto se ve difícil que resucite en Semana Santa.

SEGÚN SE SABE los líderes magisteriales -incluida una fracción del SNTE y los simpatizantes de Elba Esther Gordillo- están poniéndole más y más peros a las propuestas de solución, nomás para hacerle la vida imposible a Esteban Moctezuma.

POR ALGUNA extraña razón, de uno y del otro bando del magisterio, hay una especie de guerrita en contra del secretario de Educación Pública. ¿Será que quieren que les devuelva el control de la nómina? Es pregunta que no anda de vacaciones.

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UN AUTÉNTICO privilegio es que el gobierno de la Ciudad de México convenciera al afamado diseñador Lance Wyman -el mismo genio que creó la imagen de los Juegos Olímpicos de 1968- de crear ahora los logotipos para todos los sistemas del transporte público capitalino.

SIN DUDA el secretario de Movilidad, Andrés Lajous, puede presumir la nueva imagen. Ahora ya nomás le falta meter en cintura a los microbuses, elevar la calidad de los taxis, rescatar a los trolebuses, devolverle su dignidad al Metro, encontrarle la cuadratura a Uber, Didi y Cabify; saber dónde diablos acomodar tanto patín del diablo; y, claro, en algún momento acordarse del peatón.

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¡VAYA! Nadie se habría imaginado que para la Cuarta Transformación, Benito Juárez terminaría siendo un reaccionario, conservador y probablemente hasta fifí, pues fue él quien dijo que "el primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley".

DE HECHO, los funcionarios públicos sólo pueden hacer lo que les permite la ley. Tan es así que al tomar posesión del cargo juran cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan. Y no hay un transitorio que diga: "Y si no les gustan las pueden mandar al diablo a través de un memorándum". De hecho, si les parecen injustas, su obligación es eliminarlas o reformarlas, ¡pero no desobedecerlas!

REBELARSE contra leyes injustas es un derecho de los ciudadanos, como se demostró hace décadas con la lucha por el voto femenino, la abolición de la esclavitud, la legalización de los partidos minoritarios, etcétera. Así que no hay que confundirse: la autoridad tiene poder para cambiar las leyes, no para desobedecerlas. De ahí que ser funcionario y querer actuar como activista es como pretender andar en la procesión y tocar la campana al mismo tiempo.