La declaración ayer del presidente de la Cámara de Diputados y del líder de la mayoría parlamentaria en San Lázaro, no dejan lugar a dudas: la agenda legislativa, los tiempos y procedimientos del proceso legislativo, en el tema de la reforma educativa y de 26 iniciativas más que están frenadas en su discusión desde hace dos semanas, ya no los deciden los diputados, sino la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

"La reforma educativa se está construyendo mediante el diálogo y el análisis riguroso (con la CNTE); aún no hay fecha para su dictaminación en la Cámara de Diputados", dijo ayer en su cuenta de Twitter Porfirio Muñoz Ledo, quien confirmó lo que horas antes anunciaba el coordinador de Morena, Mario Delgado: que los diputados lograron "un acuerdo con la CNTE" para que nos dejen sesionar hoy martes, el miércoles y el jueves, pero en ninguno de esos días se subirá al pleno la reforma educativa, "porque no tenemos prisa por aprobarla", hasta que tenga "un consenso amplio con el magisterio".

Es decir, que si la CNTE ya había sometido al Poder Ejecutivo, con la decisión del presidente López Obrador de sentarlos a negociar y a revisar con el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, los términos de la reforma educativa, ahora, después de sitiar y secuestrar hasta con lujo de violencia al Palacio de San Lázaro por dos semanas y obligar a los legisladores a andar a salto de mata buscando sedes alternativas, ahora los diputados, en una especie de "síndrome de Estocolmo" le ceden a la Coordinadora la decisión de cuándo se discutirá y votará en el pleno la reforma constitucional que regirá la educación en el país.

Se confirma así el enorme empoderamiento que ha logrado la CNTE que hoy, en los hechos, encabeza la representación nacional de los maestros en México, ante un Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que, aunque es el que tiene la representación legal del magisterio, hoy se encuentra desarticulado, dividido, desdibujado y sin la interlocución real con el gobierno federal para representar y defender los intereses de los maestros. Hoy ese papel lo está haciendo en la práctica la Coordinadora que, a pesar de tener sólo presencia fuerte en algunos estados y concentrar apenas 18% del total de los maestros que hay en México, principalmente en tres secciones sindicales, la 22 de Oaxaca, la 9 de la Ciudad de México y la 18 de Michoacán, es en los hechos la organización que lleva la voz y la representatividad real del magisterio.

Y es que la CNTE no sólo se fortaleció con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, que los tuvo como aliados en su campaña, sino que su fuerza y poder real crecieron en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, quien no sólo les dio millones de pesos en negociaciones para intentar desarticularlos, sino que además los fortaleció, los redimensionó y les permitió reorganizarse con la bandera de la "antirreforma educativa", en la cual la Coordinadora fue ganando cada vez más simpatías en sus demandas de los maestros del SNTE que terminaron alineándose con la defensa de sus derechos que enarbolaban los líderes del magisterio disidente y su lucha para que se derogara la reforma educativa de Peña Nieto, tal y como ya lo han logrado.

Hoy, ante un SNTE debilitado, dividido y con un ofrecimiento de democratización interna que no termina de cuajar, la CNTE tiene toda la fuerza sindical y política, pero también la interlocución con el gobierno y ahora también con el Poder Legislativo. Salvo la demanda de que los maestros vuelvan al apartado B del artículo 123 constitucional, en el resto de los reclamos de la Coordinadora los maestros de todo el país se sienten representados, al grado de que si el SNTE no tiene pronto un proceso de reordenamiento y se equilibra internamente, la CNTE podría terminarlo absorbiendo y quedándose ya no sólo con la legitimidad y la interlocución política, sino también con la representación legal de todo el magisterio nacional. Si ya dominó a dos poderes del Estado, ¿no podrá terminar dominando a un sindicato débil, sin liderazgo y fragmentado?

Salvador García Soto