Serpientes y Escaleras

El presidente que no oye denuncias sobre sus cercanos


Les ha pasado lo mismo a secretarios de Estado que a gobernadores, a empresarios y a otros personajes que, cuando han intentado denunciar ante el Presidente algún caso de corrupción, de conductas indebidas o de traiciones políticas de los hombres y mujeres cercanos al primer círculo presidencial, invariablemente se topan con un “no, no, no yo de eso no quiero saber nada”, una forma en la que López Obrador rechaza a cualquiera que intente darle información sobre comportamientos indebidos, irregularidades o ilegalidades cometidas por algunos de sus personajes más cercanos y de mayor confianza.

La respuesta del Presidente es siempre la misma y corta de inmediato la comunicación cuando alguien intenta revelarle “información comprometedora” sobre actos de corrupción o violaciones legales que estén cometiendo algunos de su círculo de mayor confianza. Es como si el Presidente no quisiera enterarse de cosas negativas que involucren a sus hombres y mujeres de mayor confianza y que, lejos de escuchar o investigar si lo que le dicen es cierto y sus más cercanos están metidos en actos ilegales o de corrupción, López Obrador prefiriera no enterarse como una forma de justificar el que su Gobierno no actúe en contra de aquellos que traicionan los principios de la 4T.

El caso más reciente de esa “negación” del Presidente para escuchar señalamientos y acusaciones concretas contra miembros de su Gobierno, ocurrió apenas hace unos días cuando un gobernador de oposición visitó al Presidente en Palacio Nacional y, en medio de los temas de colaboración y cooperación entre la Federación y su estado, el mandatario estatal aprovechó para deslizarle a López Obrador una acusación grave en contra de uno de sus hombres más cercanos: “Su consejero —le dijo el gobernador— apoyó a la candidata de otro partido y jugó las contras al candidato de Morena a la gubernatura”.

El Presidente lo cortó de tajo y sin dar oportunidad a que le explicara la delicada denuncia que llevaba preparada contra uno de los hombres más cercanos del primer círculo presidencial: “No, no, no, a mí esas cosas no me interesan, hablemos de otros temas”, le respondió López Obrador al gobernador de oposición.

“El Presidente no ve lo que no quiere ver y si alguien intenta hacerle algún señalamiento delicado sobre sus colaboradores de confianza, prefiere no escucharlo”, nos dijo un integrante del gabinete que en alguna ocasión intentó comentarle algo al Presidente sobre un tema delicado que involucraba a uno de sus colaboradores cercanos y recibió por respuesta un “no, a mí no me digas esas cosas, a mí no me interesan esos chismes”.

Así que, con un Presidente que no quiere escuchar denuncias sobre sus cercanos, es fácil entender por qué Andrés Manuel López Obrador ha defendido y sigue defendiendo a personajes como el director de la CFE, Manuel Bartlett, con una actuación tan mediocre y un pasado tan cuestionable, o más recientemente a Félix Salgado al que protegió a capa y espada, a tal grado de que, ante la decisión del INE y del Tribunal Electoral federal, le permitió salirse con la suya y gobernar Guerrero a través del nepotismo de su hija, Evelyn Salgado.

Eso confirma, una vez más, que la admiración y el fervor que el actual Presidente dice sentir por el gran Benemérito de las Américas aplica tanto en lo negativo como en lo positivo que tuvo don Benito Juárez durante cinco periodos entre 1857 y 1872. “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos la ley a secas”, solía decir Juárez, y hoy López Obrador aplica esa máxima al pie de la letra, pero además con un añadido: “y si los amigos son mis colaboradores más cercanos, ni siquiera quiero enterarme de sus trapacerías”.

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