Serpientes y Escaleras

La reelección en la Corte y los juegos perversos


La madrugada de ayer viernes, a las 4:35 am, cuando el país estaba aún a oscuras, los diputados de Morena y sus aliados consumaron la virtual reelección del ministro Arturo Zaldívar por dos años más como presidente de la Suprema Corte de Justicia.

La aprobación de la mayoría, que consumó una orden del presidente López Obrador, desata un debate nacional y anticipa otra guerra jurídica para combatir el artículo 13 transitorio de la reforma judicial que contraviene al artículo 97 de la Constitución General: “Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior”.

La votación de la aplanadora morenista -260 a favor y 175 en contra de la oposición- no  sorprendió a nadie, acostumbrados ya al servilismo y sometimiento de las bancadas oficialistas que tampoco le quitaron “ni una coma” a esta iniciativa defendida y celebrada por el Presidente. Pero lo que sí despertaba ayer gran expectación, con una mezcla de urgencia y morbo en la opinión pública, era saber qué posición tomaría el beneficiado de esta ampliación de mandato, el ministro Zaldívar, quien, con el argumento de que era “respetuoso del trabajo y el proceso legislativo”, guardó un silencio sepulcral de varios días en que no tuvo apariciones públicas y desató toda clase de comentarios, opiniones y especulaciones sobre si aceptaría o no el “regalazo” que le mandó a confeccionar López Obrador.

Zaldívar rompió el silencio cinco horas después con un comunicado que subió a sus redes sociales en el que, con un lenguaje farragoso y cantinflesco, reconoció que el artículo 13 transitorio “se
subió de último momento” y no estaba contemplado en las propuestas originales que realizó el Poder Judicial para su reforma.

Y sin responder puntualmente si él está o no de acuerdo con la ampliación de dos años y si la acepta, el ministro se salió por peteneras diciendo que esperaría a que se presenten las controversias constitucionales sobre este artículo y sea la misma Corte la que las resuelva, en una discusión que llevaría por lo menos un año y en la que, por cierto, él no podría participar y tendría que excusarse por conflicto de interés.

En la tan esperada como anticlimática respuesta de Zaldívar, quedaron muy claras dos cosas: que el ministro supo antes del contenido de ese artículo controvertido, nunca defendió a los jueces
atacados con violencia verbal por el Presidente y su gabinete; y que no quiso fijar su posición personal ni decir si sólo se quedaría los 4 años para los que fue electo o si aceptaría la reelección de facto, abonando así a una incertidumbre que se extendería por un año más y que no abona a la imagen de una Corte y un Poder Judicial totalmente independientes y autónomos.

Porque al final, él sabe bien que la reforma va a ser declarada inconstitucional por la mayoría de ministros -porque de lo contrario la Suprema Corte estaría perdida para los mexicanos y controlada por la 4T- pero está claro que Arturo Zaldívar no quiso contrariar ni contradecir al presidente López Obrador y eludió una definición recurriendo a la máxima echeverrista de: “la ampliación de mandato ni nos beneficia ni nos perjudica sino todo lo contrario”.

Pero más allá de la elusiva y pusilánime respuesta del  ministro Zaldívar, y cuando ya partidos y bancadas de oposición en el Congreso preparan y redactan sus controversias y acciones de
inconstitucionalidad para combatir ante la misma Suprema Corte esa ampliación de mandato que consideran inconstitucional, empiezan a surgir evidencias y huellas de cómo y por qué se armó toda esta trama en la que muchos ven un “experimento reeleccionista” de López Obrador pero que, sin dudar que exista, también tiene otros trasfondos relacionados con las luchas y disputas internas por la sucesión en la Corte. … Los dados mandan Serpiente doble. Dura la semana.

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