Serpientes y Escaleras

Anaya, ¿tras los pasos de AMLO?


El anuncio sorpresivo y adelantado de Ricardo Anaya Cortés, de que buscará volver a ser candidato a la Presidencia de la República en 2024 y que para ello renuncia a ser candidato al Congreso y se dedicará “a recorrer todo el país para estar en contacto con la gente y escuchar personalmente sus necesidades” no es, para nada, una decisión original y mucho menos inédita para un político mexicano. A querer o no, el político panista optó por una estrategia que ya, antes que él, siguieron otros políticos en México, los más recientes y sobresalientes: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. El primero sin éxito y al segundo lo llevó después de 12 años y tres campañas a la Presidencia de la República.

Al igual que en su momento lo hiciera el ahora Presidente, Anaya rechaza ser diputado federal por su partido, con lo que renuncia a hacer política institucional y se niega a estar, en su caso, por segunda ocasión (ya fue diputado federal de 2012 a 2015), con otros 499 pares en el Congreso de la Unión. Con esa decisión que puede parecer autocrática, el excandidato presidencial panista rechaza la posibilidad de convertirse en un congresista incómodo para el actual Presidente y, en lugar de debate parlamentario y el foro que le hubiera dado la máxima tribuna legislativa, prefiere seguir los pasos y el modelo del lopezobradorismo de emprender una larga campaña de tierra y de contacto popular por todo el país aunque, vale decir, sin tener el mismo carisma del tabasqueño.

López Obrador rechazó en dos ocasiones, en las elecciones intermedias de 2009 y 2015, ser candidato a la Cámara de Diputados, a pesar de la insistencia con que se lo ofrecieron en la primera ocasión los líderes del PRD, en ese tiempo el Grupo de “Los Chuchos”, que le pedían liderar la bancada perredista en aquella legislatura y la segunda vez ya por su partido Morena. “No quiero ser diputado porque es un cargo que está desprestigiado y tiene mala imagen ante la gente”, decía entonces Andrés Manuel que despreciaba al Poder Legislativo y prefería apostar siempre por la autoridad unipersonal de la Presidencia.

Tal vez ahora la decisión de Anaya Cortés no tenga ese mismo elemento de desaire o menosprecio a los cargos legislativos, puesto que fue precisamente su paso por la Cámara de Diputados, particularmente su presidencia de la Mesa Directiva de 2013 a 2014, la posición que lo catapultó a las grandes ligas de la política nacional y lo llevó de ser un legislador queretano desconocido, a convertirse en una atractiva figura política a pesar de su juventud. Claro que entonces tuvo un doble apoyo e impulso de dos figuras con las que después terminaría peleado y confrontado: primero su mentor político Gustavo Madero, entonces dirigente nacional del PAN y después el poderoso secretario de Hacienda del gobierno peñista, Luis Videgaray Caso, quien lo apoyó política y financieramente en su crecimiento político.

Hoy Anaya ha tomado una decisión tan interesante como riesgosa. Recorrer el país durante los próximos tres años, sin un cargo público ni una plataforma formal para tratar de convertirse en el líder que hoy no tiene la oposición y que canalice y capitalice el malestar social y la inconformidad contra el actual Gobierno de López Obrador, es algo que sólo ha logrado con éxito el propio López Obrador en las elecciones de 2018. Veremos si el político panista, que ya no es tan joven como hace tres años y que, como ya se dijo, tampoco posee el carisma y el liderazgo social y de masas que sí tiene su rival en la Presidencia, logra seguir con éxito los pasos del tabasqueño o si más bien termina como el ingeniero Cárdenas, convirtiéndose en un muy buen candidato y un líder moral de la oposición que nunca pudo ganar la Presidencia y que cuando la ganó no se decidió a pelearla a pesar del apoyo popular que tuvo en su momento.

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