Fuera de ruta

Maternidad y empoderamiento económico


En un contexto en el que, en comparación con los varones, las mujeres están rezagadas en cuanto a la propiedad de medios de vida y producción, el acceso al crédito y al empleo decente, es de reconocerse la existencia de barreras que les impiden ampliar y mejorar sus oportunidades económicas. Es por ello que se requiere del empoderamiento económico de las mujeres, esto es, del mejoramiento de sus posibilidades de acceder a recursos económicos en condiciones de equidad con los varones, la eliminación de los procesos mediante los cuales se desvalorizan sus contribuciones, así como su presencia en términos equitativos en todas las posiciones de jerarquía y poder en los puestos de trabajo.

Si bien es cierto que la obtención de un ingreso por trabajar no garantiza por sí solo que las mujeres mantengan relaciones de independencia y de igualdad con los varones al interior de sus hogares, ese ingreso sí puede proporcionarles ciertos espacios de autonomía y control sobre sus vidas; además, diversos estudios muestran que si el ingreso que obtienen por su actividad laboral es de cuantía importante para la manutención de sus familias, las mujeres pueden aumentar sus capacidades de negociación y asegurarse un mayor respeto al interior de sus hogares.

Al igual que en el resto del país, en Sonora la presencia femenina en la actividad laboral ha crecido continuamente en las últimas décadas. De acuerdo a las estadísticas de empleo del INEGI, entre los años 2000 y 2018, las mujeres de 20 a 34 años incrementaron 26 por ciento su participación en actividades laborales, pasando de 47 activas de cada 100 mujeres de ese grupo de edad a 59 de cada 100.

Paralelamente a esta mayor presencia en los mercados de trabajo, la fecundidad en las mujeres de estas edades disminuyó significativamente: en el año 2000 el promedio de hijos por mujer con edad entre 20 y 34 años ascendía a 2.7, en tanto que para el 2018 el promedio era apenas de 1.3 hijos por mujer. Estas cifras dan cuenta de los importantes cambios ocurridos en estos años, donde más mujeres que antes posponen la edad en la que se convierten en madres y tienen menos hijos o de plano optan por no tenerlos.

El papel inhibidor de la maternidad en las trayectorias laborales de las mujeres puede constatarse. Continúa siendo más probable que las mujeres sin hijos tengan alguna actividad laboral extra-doméstica que aquéllas que son madres: en 2018, el 63.7 por ciento de las mujeres de 20 a 34 años sin hijos tenían alguna ocupación laboral, en tanto que este porcentaje era de 56.5 en las que eran madres. Además, la presencia de hijos, y su número, está muy relacionado con las opciones de trabajo y las remuneraciones que pueden obtener: en 2018, el salario promedio de las madres con 1 a 2 hijos era apenas el 90% del salario promedio de las mujeres sin hijos, y el de las madres con 3 a 5 hijos apenas el 78%.

Aunque la relación entre maternidad y trabajo es compleja, es importante anotar que mientras no se promuevan relaciones más equitativas entre madres y padres para el cuidado de los hijos y no se promuevan políticas públicas para apoyar esta importante tarea, como aumentar la infraestructura de guarderías, las mujeres continuarán cargando una penalidad económica por ser madres.

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo de El Colegio de Sonora.

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