Fuera de ruta

Los usos políticos del pasado ¿El perdón se pide o se ofrece?


Primeramente, de qué y ante qué. Ello remite a quiénes son los sujetos involucrados y el vínculo identitario pasado-presente que mantiene tanto la sociedad española como la mexicana, así como los significados del evento que tenga cada una. Hay quienes dicen que ni España ni México son los mismos de aquellos años, lo cual puede resultar tramposo dependiendo desde dónde y con qué sentido se diga. Pues es posible ubicar una gama que va desde las posiciones historiográficas hasta el uso político del pasado al servicio del presente, ya sea por personas de a pie o por una investidura como la del representante del ejecutivo.

En efecto, la monarquía hispánica no es la misma que tuvo la autorización mediante bula papal en 1493 para tomar posesión de las tierras y riquezas de ultramar, ni la familia real (Borbón) que actualmente ostenta por tradición y derecho divino su posición. Tampoco los pueblos originarios son los mismos a la llegada de los españoles. A veces se tiende a verlos estáticos en el tiempo, cuando la historiografía documenta que estuvieron sometidos a un imperio como el que implantaron los mexicas doscientos años antes. Además, no conformaron una especie de confederación para enfrentar a la sociedad hispánica (y su dominio colonial, no exento de rebeliones) y mexicana después en el siglo XIX.

Dicho lo anterior, no se trata de hacer tabula rasa y negar procesos que proceden de una diversidad de culturas (pues no sólo fue un enfrentamiento de la hispánica vs pueblos originarios) y fabricar de ello un argumento dicotómico. La historia está cargada de matices que nos permiten siempre discutir sobre temas, independientemente si estos son cercanos o no en términos cronológicos. Lo cierto y rescatable de todo, es que se trae a la Historia como rama del saber que aporta representaciones sobre el pasado para comprender el presente, así como su utilidad en los asuntos públicos.

Sin embargo, la palabra perdón implica que hay un culpable, o bien supone que hay quienes deberían cargar con una especie de responsabilidad histórica por ello. Es precisamente cuando se hace un uso político del pasado que omite el camino andado por el conocimiento y el compromiso crítico. En todo caso, el compromiso debería ser con los pueblos originarios en el presente que son productos de dichos procesos históricos y desde la sociedad mexicana.

Si bien hay experiencias de disculpas por agravios del pasado que han surgido en el escenario internacional para establecer reparaciones de carácter simbólico, ha sido para garantizar la no repetición (en algunos casos) y en particular reparar a las y los deudos, así como sus familias. Tal es el caso de países que tuvieron regímenes totalitarios y dictatoriales y el uso que ha tenido el pasado ha sido en aras de la construcción de la memoria.

Por lo tanto, han implicado una forma diferente de comprender la historia. Habrá que ver la propia y revisitarla. Considero que lo pertinente sería establecer un diálogo que vaya de la investigación a la reflexión y viceversa. Mantener las dicotomías en los argumentos sólo sirve para exacerbar los nacionalismo más burdos y vulgares, sea en México o en España ¿por qué no ver los racismos internos y su procedencia histórica? Eso llevaría a ver la pertinencia de las reparaciones internas. Aprovecho para invitar seguir la cuenta de Twiter @noticonquista, un esfuerzo crítico y profesional que reúne diferentes puntos de vista sobre el tema.

*Asistente de investigación en El Colegio de Sonora. Egresado del programa de maestría en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.

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