Fuera de ruta

De virus, malos afectos y malos sistemas


Imelda Carolina Levario Gim

Egresada del programa de Maestría en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.

Hace cerca de 7 años empezaba una tesis de maestría que indagaba sobre el consumo de alcohol de las mujeres y que acentuaba dos cosas; primero establecía que la motivación de ellas para beber develaba profundas diferencias respecto a la de los varones, y por otro lado que se vaticinaba la muy problemática tendencia al alza sobre
todo en las mujeres jóvenes.

En la conferencia vespertina de salud del domingo 23 de agosto de este año pandémico, el titular de la Comisión Nacional contra la Adicciones Dr. Gady Zabicky Sirot informó que en el periodo que comprende del 2011 al 2016 el consumo de alcohol en los jóvenes se incrementó de 4.3% a 8.3% y que como no se había visto antes, el momio en la relación entre hombres y mujeres que beben en edades tempranas se había equiparado 1 a 1. Asimismo, en la población adulta en este mismo periodo el uso de bebidas alcohólicas en hombres se elevó un 50 % y en mujeres el 250%.

¿Qué tanto el alcohol es un fármaco adecuado para tratar de aliviar problemas o malos afectos? Se preguntaba y a nosotros también el Dr. Zabicky esa tarde. Una duda fundada sobre una práctica que es causa directa de 60 enfermedades, factor de riesgo para tuberculosis, cáncer, accidentes, violencias, suicidios, embarazos adolescentes y enfermedades de transmisión sexual alrededor del mundo y que en 2016 fue el motivo
de 3 millones de defunciones.

Una pregunta seria para los habitantes de un país que ahora mismo enfrenta una situación difícil de salud, con algo más de 70 mil decesos por la pandemia de covid 19; una factura onerosa que paga México debido a la alta prevalencia de enfermedades crónicas auspiciadas por la industria de productos altamente procesado tras 4 décadas de comercialización lucrativa e irresponsable. En esta ecuación la empresa alcoholera y su publicidad no se quedan atrás; según datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017), el alcohol es el responsable de una carga importante de la enfermedad en el país y del 6.5% de las muertes prematuras ocurridas en territorio nacional.

En estos últimos meses, a la par del paso del coronavirus por territorio nacional el sector salud mexicano ha ido empujando a la política pública para modificar reglamentaciones y volverlas más integrales, al dirigir su atención no única y exclusivamente a los hábitos personales sino a la comercialización y la oferta de la industria de la comida chatarra y las gaseosas; creo que también es hora de hacer lo mismo y confrontar a la industria alcoholera, que además se apropia de grandes proporciones de agua y de plantíos en las comunidades.

De regreso a mi tesis de maestría, la pregunta lanzada esa tarde en la conferencia de salud me hizo recordar el hilo conductor de mi investigación, sobre la necesidad de reconocer y visibilizar que existe el consumo problemático de alcohol en las mujeres, que beber no es una cuestión exclusiva del género masculino y que entonces es indispensable planear los programas de atención con un enfoque que relacione este incremento con la presión que influye en la construcción social de los géneros.

Es imperante que el Estado mexicano comience a hacerse cargo de los consumos problemáticos de sustancias desde el enfoque de la salud mental, tal y como parece que
empieza a hacerse cargo de las enfermedades crónicas desde el modelo alimentario capitalista. Es primordial reconocer que el sistema económico de producción y reproducción vigente también atraviesa tanto a la salud mental como a la construcción de los géneros e identidades. Un sistema que en mucho parece ser obsoleto
y en sí mismo enfermo.

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