Fuera de ruta

(In) capacidades institucionales en la Salud Pública


Christian Manuel Cruz Archuleta

Egresado M.C.S. con especialidad en Análisis y Evaluación de Políticas Públicas 

La pandemia provocada por el COVID-19 ha develado la capacidad que los sistemas de salud en el mundo tenían para afrontar crisis sanitarias. Explicar los buenos o malos resultados resulta muy complejo, pues existen muchísimas variables, factores y escenarios que los han provocado, sumado de crisis paralelas que complican el margen de toma de decisiones como se ha visto en los distintos países del mundo. 

En este contexto se debe ir a un debate o análisis más profundo del Sistema de Salud en México, y las desigualdades que existen entre los sectores que lo integran. Hace unas semanas Mariano Talanquer publicó un artículo en el que denota que existe una mayor letalidad hospitalaria en pacientes contagiados con COVID19 entre los distintos sectores: en el IMSS 4.5 de cada 10 hospitalizados han fallecido, contra 3.1 en hospitales de la Secretaría de Salud o 1.6 del sector privado. 

Los factores de riesgo de los pacientes en cada uno de los sectores son determinantes, esa podría ser la explicación principal; sin embargo, las condiciones institucionales son un área que se ha explorado poco dentro del análisis de los resultados. El aprendizaje que cada sector de atención ha desarrollado nos muestra esta diferencia, ya que en abril los pacientes hospitalizados en el ISSSTE tenían 45% de probabilidad morir, mientras que para julio había disminuido al 35%, y en los hospitales Secretaría de Salud (SSa) en ese mismo periodo disminuyó 20 puntos; en el sector privado llegó a la tasa más baja de un 10% de letalidad hospitalaria. 

¿Por qué existe este distanciamiento en resultados? ¿Existe una diferencia de las capacidades institucionales? Un primer acercamiento evidentemente tiene que ser el tema presupuestal: el gasto per capita (gpc) en el IMSS de 2010 al 2020 se ha reducido en un 18% (CIEG 2020) mientras que en el ISSSTE 8.2% que, aunque en términos brutos han recibido año con año aumentos presupuestales, no ha sido suficiente de acuerdo al crecimiento de la población. Ahora, en cuanto a recursos humanos existe otra gran diferencia, pues el ISSSTE tiene 3.1 médicos por cada mil derechohabientes, mientras que el IMSS solo tiene 1.7, Pemex tiene 7.5 y el INSABI 1.8 (antes Seguro Popular) Respecto a camas censables la recomendación de la OCDE es que debe de haber 3.3 por cada mil derechohabientes, sin embargo, el IMSS en 2019 contaba con 0.7; el ISSSTE con una; y el IMSS-Prospera con 0.2. 

Según la Dirección de Administración del IMSS (2019) el 47% del equipo con el que cuentan esta catalogado según sus condiciones como bueno, mientras que sus instalaciones solo el 43% se considera en muy buenas condiciones; esto es una disminución del 7% respecto al 2018. Es evidente que las condiciones influyen en la letalidad hospitalaria por COVID19. 

Estos son solo algunos datos de la diferencia presupuestal, financiera, técnica y de personal que existen en México dentro de los sectores que componen el sistema de salud. Se requiere impulsar el desarrollo de capacidades institucionales que mejoren la calidad de los servicios. No se trata solamente de más presupuesto, sino de mejorar la eficiencia a partir de una ingeniera organizacional dentro de cada sector. 

Esta crisis sanitaria reveló nuestras (in)capacidades institucionales en el sector salud. Es un aprendizaje que no debe echarse a la basura, sobre todo ahora que se discutirá el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2021, que por cierto, presenta una reducción del 0.25% respecto al aprobado para el 2020; en el cual se incluye un recorte del gasto para infraestructura de casi mil mdp para el IMSS, mil 58 mdp para el ISSSTE y 115 mdp para la SSa. 

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