Fuera de ruta

Es mejor prevenir que lamentar en tiempos del COVID-19


Por María del Carmen Castro V.

“Qué venga alguien a poner orden” expresó una persona adulta mayor por fuera de una clínica del IMSS en donde se amontonaba la gente que esperaba atención, ya que solo estaban pasando al interior un cierto número de personas, para cuidar la sana distancia y disminuir el riesgo de contagio de coronavirus (COVID-19). ¿Qué parte del mensaje de cuidado y precauciones con la sana distancia, no se entiende? Esa queja con voz desesperada de “Qué venga alguien..” y ver la imagen, me sugiere pensar en la necesidad de aplicar lo que muchas veces hemos criticado, medidas autoritarias y así, “poner orden”, por mí y su propia protección. Me apeno ver fotos en las redes sociales de una sobrina, o de una tía, o de la amiga y conocida, que lograron colarse a alguna playa en los días pasados, con el comentario “disfrutando con la familia, con los cuidados necesarios”(¡!).

Este hecho se repite más frecuentemente de lo que una desea, a pesar de la declaración de la Fase 2 de la crisis sanitaria, que recomienda medidas más estrictas, y se amplía el período de confinamiento por ¡un mes más!; y nos enteramos que habrá sanciones, incluso que ya se aplicaron multas a personas que circulaban en las calles sin una justificación válida. Entonces, ¿es verdad que solo así se logrará que la población atienda las recomendaciones y la obligatoriedad de quedarse en casa? El mensaje de que es mejor prevenir que lamentar ¿dónde queda? Me sumo al grito desesperado de “Quédate en casa” (a quienes pueden hacerlo), cuidándonos nosotr@s, nos cuidamos tod@s, y disminuimos el riesgo de contagio a quienes no pueden hacerlo y agradecemos a los médic@s y enfermer@s, que viven el riesgo diariamente y hasta es posible que nos atienda en el servicio de salud.

La pandemia que vivimos está poniendo a prueba todo. Absolutamente todo. A la población en general, a las familias, a las autoridades, al estado, a las instituciones, sobre todo al sistema de salud; al mundo del trabajo y a la economía. Desgraciadamente queda patente la cultura en materia de cuidado de la salud que tenemos “A mí no me va a pasar”, “Qué exagerados, no es para tanto”, “Si no nomás fui un ratito” (a la visita, al mandado, al centro comercial, etc.), “De algo nos tenemos que morir”. Además, han florecido todo tipo de sentimientos añejos: prejuicios racistas, misóginos, machistas, indolencia, prepotencia y varios más. Me preocupa en especial cómo el encierro puede detonar la violencia contra las mujeres y l@s niñ@s, así como contra las personas mayores y se crea que están solas y no hay ayuda posible, pues no es así; me preocupan los adultos mayores que no tienen apoyos de ningún tipo, pues es un grupo vulnerable en particular si se contagian, así como las personas enfermas.

Han quedado claras las capacidades e inteligencias de tod@s, no solo en el ejercicio de las medidas sanitarias que nos protegen, dictadas por las autoridades y difundidas hasta el cansancio, sino cómo estamos enfrentando los efectos en el día a día y cómo los vamos a enfrentar y los seguiremos viviendo por algunos meses o años más.
Espero que mi privilegio de poder quedarme en casa y trabajar desde allí, me mantenga con la energía de llevar a cabo prácticas saludables para cuidarme y apoyar a quien pueda; espero contar con la inteligencia para no creer todo lo que se lee en las redes sociales y mantener mi bienestar emocional en la medida de lo posible. Podríamos buscar información confiable en el internet que nos ayuden a calmar los miedos (por ejemplo la Guía informativa de promoción de la salud COVID-19: https://www.sonora.gob.mx/media/attachments/2020/04/17/guia-promocion-de-la-salud-covid-19-final.pdf) y podríamos seguir rutinas de actividad física y recetas en la página https://biblioteca.colson.edu.mx/covid-19 . ¡Seamos solidarios y empáticos!

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