Fuera de ruta

Certidumbre en la incertidumbre: ¿Qué debo hacer?


En la lucha contra el COVID-19, ¿cómo discernimos lo que nos auxilia e identificamos lo falso? Para ello distingamos primero a qué tipo de conocimiento nos referimos. Para Luis Villoro, creer en algo nos dispone a actuar en consecuencia. Y tener ciertas creencias se basa en nuestra historia personal, nuestras motivaciones a actuar y los motivos por los que guardamos una creencia. Pero, además de creer, podemos saber algo y eso sucede cuando tenemos suficientes razones objetivas para confirmar la certeza. Todas esas razones objetivas implican que el saber es compartido por muchas personas, ya no depende solamente de una experiencia personal.

La intensidad del intercambio de información vía redes sociales hace difícil confirmar la certeza de los mensajes. Porque algunos mensajes alimentan nuestras creencias, aunque no existan razones objetivas suficientes. Y porque además parece que algunos están en un estado de desesperación por hacer algo para luchar contra el COVID-19 y eso nos hace terreno fértil para que aceptemos datos falsos. La información confiable puede devolvernos la calma.

Hay otro factor que hace difícil distinguir entre la información falsa y la verdadera y se refiere a la novedad del COVID-19. Esta nueva forma de coronavirus sorprende porque hay muchos aspectos que no se han investigado lo suficiente. No se han desarrollado todavía tratamientos, ni vacunas, ni sabemos bastante sobre la inmunidad. Hay y habrá información que pareciera contradictoria, o información nueva conforme avance la investigación.

El conocimiento científico avanza mediante el pensamiento crítico y el análisis con una metodología de ensayo y error, de observaciones minuciosas, de exponer y criticar cada paso entre la comunidad científica y de construir conceptos precisos. Todo esto lleva su tiempo para lograr las mejores soluciones. Hoy vemos que la ciencia está avanzando en una colaboración abierta entre el sector público y el privado compartiendo datos para garantizar los mejores resultados. Esos resultados tendrán que beneficiar a toda la población.

En lo que la ciencia avanza, tenemos que buscar las mejores formas de cuidar nuestra salud para defendernos también de las enfermedades que nos aquejan, como la hipertensión y la diabetes. La buena alimentación, la actividad física, aún en la casa, enfrentar el estrés con acciones concretas, lograr un buen descanso, y convivir en condiciones de encierro, ya sé, no siempre es tan fácil.

Una parte de nuestra cultura de salud es pensar que existe una pastilla, un remedio mágico, algo que nos llega de fuera que nos va a curar. Los remedios que promueven curas del COVID-19 y que circulan en redes pueden encajar en nuestras prácticas cotidianas de cuidado de la salud, como hacer gárgaras, comer fruta y verdura, consumir suficiente agua, evitar el tabaco y el alcohol, dormir bien. Mientras no hagan daño, pueden servir para mantener nuestra salud.

El problema aparece cuando nos hacemos daño tomando algo que vemos en redes sin confirmar bien la fuente y que resulte tóxico. O hacemos daño a otros creyendo que no podemos contagiar a nuestros seres queridos y saludamos con beso y abrazo a los abuelos y luego se enferman. O cuando salimos a la calle porque no creemos necesaria la distancia social y llevamos el COVID-19 a nuestra casa en donde se contagian 4. O una persona sin saberse portador de COVID-19 va a un funeral y a una fiesta de cumpleaños y se enferman 16 y se mueren 3. Esto ya sucedió.

Por el momento, la mejor recomendación para saber si algo es cierto o falso es recurrir a las fuentes oficiales como la Organización Mundial de la Salud, o la Secretaría de Salud y las autoridades de salud pública. Conforme hay cambios en el conocimiento hemos visto que estas instituciones corrigen y añaden nueva información. Y cuando vemos datos que nos parecen falsos debemos recurrir a los sitios de verificación de datos antes de circularlos. El manejo de información segura ayudará a ganarle a esta pandemia.

Un ejercicio de verificación de datos lo pueden consultar en el Facebook de El Colegio de Sonora. cdenman@colson.edu.mx

Por Catalina A. Denman
Profesora-Investigadora
Centro de Estudios en Salud y Sociedad
El Colegio de Sonora

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