El asalto a la razón

Un ilusorio “pacto de silencio”


Aunque en las vísperas lo había informado el primer mandatario, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz, declaró a principios de semana:

“Recibí una invitación formal del señor Presidente para que nosotros podamos reponer el procedimiento de Ayotzinapa…”.

En el “nosotros” está el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, para que se incorpore a los trabajos de la comisión especial para el caso Iguala y a los dos les propone reunirse cada mes con los padres de Los 43 y acuerden los pasos a seguir.

A la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, le ordenó dedicarse al caso de tiempo completo.

El sábado, Andrés Manuel López Obrador había dicho:

“Estoy convencido de que si nos unimos, lograremos romper el pacto de silencio que ha perdurado por mucho tiempo y esclarecer lo acontecido…”.

A su vez, el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, tuiteó: Iniciaremos ante @FGRMexico y el Consejo de la Judicatura Federal los recursos legales para iniciar la investigación de los funcionarios y jueces, ya que en lugar de garantizar la verdad y justicia, se genera un pacto que favorece el silencio y la impunidad.

Dijo AMLO:

“No puede ser que no sepamos lo que sucedió con la desaparición de los 43 jóvenes de Ayotzinapa si participaron más de cien personas”, porque “hay como un pacto de silencio. Estamos ofreciendo a quien nos informe protección, amnistía, recompensa …”.

El Fiscal General aseguró que se reiniciará la investigación “sin deshacer el expediente que actualmente permanece abierto”.

¿Qué querrá decir si jurídicamente es imposible porque no se puede ignorar un expediente ni sus evidencias?

Gertz mismo lo dejó entrever:

“Recibí una invitación por parte del Presidente de la República para reponer el procedimiento de Ayotzinapa, que es reiniciar la investigación, sin tocar lo ya hecho”.

Y es que la reposición del procedimiento sólo ocurre en los procesos penales que se desahogan ante los jueces y son éstos quienes lo determinan cuando advierten que se dio una violación procesal.

Pero la cosa es “pior”: se alude a un imaginario “pacto de silencio”, lo cual es una mentira tan rotunda como el chisme de la supuesta ejecución de 50 “testigos”.

¿Cuál es el dichoso “pacto” si los principales partícipes del crimen declararon y después se retractaron?

La frase fue esparcida por los representantes de los padres y la hizo suya el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes: Ángela Buitrago y Carlos Beristain decían que iban a platicar con los inculpados para “convencerlos” de “romper los pactos de silencio” que imperan en los grupos criminales.

Por supuesto, los delincuentes se dijeron inocentes y torturados. Les mintieron.

Un gravísimo ejemplo de las consecuencias de creer el cuento fue la liberación de Gildardo López Astudillo, el “Cabo Gil”, quien consiguió su libertad bajo esa desatinada “hipótesis”, lo cual, por cierto, han lamentado los propios promotores de la patraña “pacto de silencio”.

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