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La censura


Siempre ha existido la censura. Si buscamos con ánimo de encontrar, podríamos creer hallarla incluso en el mismo Jesucristo cuando a los demonios expulsados les exige no revelar quién es él, identidad que éstos tenían muy conocida.

La censura es la acción de examinar una obra destinada al público y suprimir o modificar alguna parte que no se ajusta a determinados planteamientos políticos, morales o religiosos. Falta incluir en esta definición que censura quien tiene el poder de hacerlo. El acto de censurar tiene, por lo tanto, una figura de poder impuesto.

En fechas recientes, diversos casos que giran alrededor de la censura se ponen la vista en las redes sociales. Estas plataformas, por su alcance, tienen gran influencia en la vida pública
porque son foros de expresión y de interacción social.

Un caso es el de la BBC y su política que prohíbe a sus columnistas expresar cualquier tipo de opinión política en las redes sociales, todo ello encaminado a evitar opiniones tendenciosas o debates  que pongan en entredicho la imparcialidad de la cadena.

Otro caso es Instagram, que censuró contenidos de la revista Charlie Hebdo que incluían una caricatura de Mahoma, que, según la religión musulmana, no debe ser representado de ninguna manera.

Otro caso más es el de Facebook que bloqueó las cuentas de un francés moribundo que intentaba protestar contra su Gobierno exigiendo la eutanasia y pretendía filmar su propia muerte.

Encontramos casos como los mencionados que nos hacen ver a las redes como protectoras de una vía sensata de pensamiento y conducta. Pero, si somos sinceros, también encontraremos excesos de ese mismo lado que nos propondrían una vista no tan indulgente con las redes.

Hace mucho que las redes sociales cayeron en el “todo se vale” con tal de facturar, y permiten todo tipo de insultos, descalificaciones, racismos, sexismos, falsedades, conspiraciones e intoxicaciones”, acusa el periodista madrileño Fernando Montañés.

Según el periodista, Europa sufrió el Brexit y Estados Unidos a Donald Trump gracias a campañas manipuladoras y súper planificadas en Facebook, y Marc Zuckerberg se lavaba las manos mientras seguía ingresando divisa.

Hoy, el gran público se  muestra indignado y presiona a grandes marcas para plantear postura ante el poder de estas redes sociales que a su vez no requieren tanto de censura, sino de control y responsabilidad.

En nombre de la libertad de expresión no todo se vale. No es lo mismo opinar que insultar, no es lo mismo discrepar que incitar al odio. Las redes sociales no pueden tener una línea editorial definida ni responsabilizarse de todos sus contenidos, pero quizá sí se podría exigir un mínimo control y responsabilidad sobre los excesos y abusos que se cometen a través de ellas.

Sabiendo que Facebook nació para que Zuckerberg y sus amigos calificaran el físico de sus compañeras de universidad, tal vez estas pretensiones morales no abriguen muchas esperanzas.

El autor es Publicitario, miembro de Aspac.
Por un México bueno, culto, rico y justo.
direccion@leonmayoral.com

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