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Terrores nocturnos


El no poder dormir afecta a todas las personas que lo padecen, sea cual sea la razón o la edad. Cuando vivimos en un mundo de responsabilidades, es común que se acumule el estrés y nos provoque alteraciones en el sueño. Esta situación puede causar trastornos en el estado de ánimo, enojo, rendimiento laboral y problemas en la alimentación.

Sin embargo, cuando sucede en la niñez puede ser muy desesperante para la familia. Dentro de las alteraciones del sueño están los terrores nocturnos, los cuales son episodios de un miedo intenso y agitación del cuerpo.

Éstos suceden mientras se duerme, también se les llama “miedos del sueño”. A menudo, los terrores nocturnos ocurren junto con el sonambulismo, se les considera “parasomnia” que son experiencias no deseadas durante el sueño. El tiempo que dura esta situación puede ser de segundos, pero aun así es muy difícil, tanto para el niño, como para la mamá, papá o cuidadores.

Los terrores nocturnos requieren tratamiento, ya que afectan mucho y más en la etapa escolar. Las pesadillas son sueños de los cuales puedes despertar e incluso recordar lo que soñaste. En el terror nocturno puedes seguir durmiendo y a veces los niños no recuerdan que pasó.

En ocasiones surgen a mitad de la noche y puede ocurrir lo siguiente: primero comienzan con un grito, se sientan en la cama asustados, tienen sudoraciones y problemas para respirar, miran fijo y
con ojos abiertos, comienzan a golpear, sentirse confundido, pueden correr por la casa o ponerse agresivo y al siguiente día no recordar nada. Es complicado para todos porque los padres no saben qué hacer y al día siguiente estarán cansados o confundidos.

Es importante acudir con un médico y un psicoterapeuta para revisar qué emociones de miedo o ansiedad están interviniendo ahí. Hay que tomar un registro, revisando qué días, horas, qué sucede durante el episodio y prevenir posibles accidentes. Hay múltiples factores que pueden causar los terrores nocturnos, por ejemplo, que tanto adultos como niños estén estresados; interrumpir por diferentes causas las horas de sueño; que el niño esté sobre estimulado, tenga fiebre, cansancio extremo o esté bajo efecto de medicamentos.

Dormir es una necesidad biológica natural, que sirve para la recuperación de los tejidos que se desgastan durante el día y hacer reserva para el nuevo día. Por ello es tan importante cumplir con esta necesidad, así como prevenir situaciones que alteren al niño.

Es importante evitar que cene tarde y pesado y que vea películas o series antes de dormir; despertar al niño 15 minutos antes del  terror nocturno, hacer una rutina en la hora del sueño;
realizar actividades relajantes como un baño tibio o lecturas tranquilas; reconfortarlo con abrazos y palabras que le ayuden a saber que está acompañado y que es amado; tratar el estrés y
medicar si es necesario.

Aunque es cansado es importante mantener la calma y validar las emociones que está viviendo el niño. Se ha encontrado que los síntomas desaparecen en la adolescencia.

La autora es Licenciada en Psicología con Maestría en Terapia Gestalt.

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