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Tu familia no es negociable


¿Alguna vez has convivido con una familia que parece perfecta? ¿Que cuando están a la mesa siempre hay un ambiente de armonía, no esperan a que alguien se levante para luego quejarse de éste sin que los escuche, que no dedican tiempo para discusiones sin sentido? Te aseguro que estás pensando que las familias perfectas no existen ¿verdad?, y estoy de acuerdo, pero lo que sí existe son las familias sanas.

Y esto no se trata de una cuestión de suerte. Las familias sanas no surgen de la nada, surgen del respeto, del honor que se otorgan entre los miembros, del reconocimiento y gratitud que existe
entre ellos, pero sobre todo, surgen del amor y del perdón.

No me malentiendas, sé que este listado de cualidades son difíciles de lograr y que probablemente existan maneras o formas de ver las cosas en nuestra familia de origen (nuestros padres y abuelos) que nunca vamos a poder cambiar; sin embargo, si tú que lees esto apenas estás comenzando una familia, o incluso, si eres un padre de familia desde hace años, el factor de cambio siempre estará en tus manos, la responsabilidad es tuya y de nadie más.

Sin lugar a dudas, no existe una fórmula exacta para llevar a cabo con éxito esta tarea, pero nuestra lista de prioridades siempre va a revelar lo que atesoramos más en lo más profundo de nuestro ser, entonces, ¿cuáles son nuestras prioridades?

¿De qué sirve ser alguien respetado en tu trabajo si en tu casa tu palabra no tiene relevancia? ¿De qué sirve ser alguien amable y proveedor de soluciones en tu oficina, si bajo el techo de tu casa prefieren no comunicarse contigo porque reaccionas negativamente y vuelves más complicadas las cosas?

Hombre, mujer, joven, adulto, lo que seas… déjame recordarte que el trabajo, la escuela, o cualquier ocupación no te van a sostener cuando las crisis toquen a tu puerta, y mucho menos, van
a acompañarte a lado de tu cama cuando estés por partir de este mundo… ¡ese lugar le pertenece a tu familia! ¡Y tu familia no es negociable!

Si tratas mejor a tu jefe que a tu esposa, a tus clientes que a tus hermanos, a tus colegas que a tus padres… algo anda mal con tu lista de prioridades. Si quieres negocia tus recursos, habilidades y posesiones, pero nunca el bienestar de tu familia ni el tiempo que merecen… grábatelo, tu familia no es negociable.

Si estamos más interesados en que nuestra familia conozca más nuestras inclinaciones políticas e ideológicas que nuestro corazón, no nos sorprenda si nunca derraman una sola lágrima por nosotros, ya que si nunca estuvo en nosotros la iniciativa de crear lazos profundos con ellos, sus corazones buscarán conectar en otro lado lo que no encontraron en casa.

No existen pasos sencillos e infalibles para la felicidad y armonía familiar, pero practicar el amor y dedicar tiempo para conocernos, nos acerca mucho a ese puerto. Negocia lo que quieras…
¡pero nunca a tu familia!

El autor es comunicólogo, creador de contenido
FB: Efrén Adrián
IG: efrenadriansf

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