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Hambre cero


La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un plan ambicioso que busca garantizar nuestra existencia y la del planeta. Cada uno de los 17 objetivos que contiene, se enfoca a contribuir a construir un planeta más próspero, pacífico y en equilibrio con su entorno.

Se han realizado varios esfuerzos por socializar la agenda y buscar que ciudadanos, gobiernos y empresas adopten las metas que derivan de cada una de las estrategias diseñadas para el logro de los objetivos; sin embargo, ante  un compromiso de tal magnitud, muchos de los actores no tienen idea de lo poderosa que puede ser su contribución.

En el caso específico del Objetivo2, hambre cero, existen muchas acciones con las que diariamente podemos contribuir a erradicar la hambruna y lograr la seguridad alimentaria que todo el planeta requiere, considerando que cerca de 690 millones de personas en el mundo padecen hambre, además, de continuar la tendencia actual, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones para 2030.

Paradójicamente, un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El desperdicio de alimentos en México alcanza el 34.7% de lo que se produce en el país.

Las cifras anteriores nos demuestran que la falta de alimentos no es la causa principal de que exista población con hambre, sino las malas decisiones y acciones que toman cada uno de quienes
integran la cadena alimentaria, incluidos: productores, distribuidores y consumidores.

Al desperdiciarse o perderse comida durante toda la cadena de suministro de alimentos, se reduce la disponibilidad de alimentos para la población; esto incrementa los obstáculos para quienes de por sí enfrentan poco acceso a una alimentación sana y equilibrada; el mercado de alimentos no es ajeno a las leyes de oferta y demanda, haciendo que a mayor desperdicio, el precio se incremente.

Como consumidores, es muy importante hacer conciencia que cada acción que tomamos puede sumar a resolver el problema: adquirir sólo el alimento necesario, optar por cadenas cortas de suministro e incluso realizar donaciones para contribuir a resolver el problema.

Erradicar el hambre empieza en el momento en que reconocemos la necesidad de hacer una lista para comprar únicamente lo requerido, cuando ordenamos en un restaurante solamente la porción que comeremos, cuando enseñamos a nuestros hijos a comer toda la ración de comida que se les entrega, cuando conservamos adecuadamente los alimentos y sobre todo, cuando entendemos que desde nuestra posición de privilegio, tenemos la posibilidad de ser parte de la solución.

De manera adicional, se requiere contribuir al desarrollo de estrategias de producción basadas en los principios del comercio justo, pues es curioso que en muchas ocasiones quienes más padecen
de desnutrición y problemas asociados a una mala alimentación, son los productores del campo, pues sólo reciben un pequeño porcentaje de las ganancias.

¡El cambio empieza en nosotros!

La autora es Directora de Grameen de la Frontera y profesora de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey Campus Sonora Norte
@PaulaTakashima

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