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Los reinos injustamente olvidados de León y Castilla


La antigua Europa era gobernada en su totalidad plena, en diversos reinos, en este periódico ya hemos hablado sobre los reinos de Asturias y de Navarra, sin embargo existen otros reinos que forjaron el carácter de la identidad española y europea en sí, entre ellos se encuentra el Reino de León quién fuese uno de los reinos medievales de la península Ibérica, sucesor del anterior Reino de Asturias, que tuvo un papel protagonista en la Reconquista y formación de los sucesivos reinos cristianos del occidente peninsular.

La ciudad de León fue incorporada al Reino de Asturias a mediados del siglo IX gracias a Ordoño I en 856, quien reconstruye las murallas de la ciudad. León era un punto estratégico por ser una población al sur de la cordillera cantábrica, así como un centro neurálgico del territorio astur. Su hijo, Alfonso III el Magno recuperará el territorio leonés para los astures. A la muerte de Alfonso III el Magno, el  Reino de Asturias se divide y queda repartido entre sus hijos:

García I recibe León, Álava y Castilla, fundando de hecho el Reino de León; Ordoño II recibe Galicia y Fruela II obtiene Asturias. Al morir García I en 914 sin descendientes, Ordoño II se trasladó a León donde fue aclamado rey, lo que supone que Galicia y León compartan el mismo monarca, y el que trasladaría definitivamente la capital del reino de Asturias desde Oviedo a León.

Con lo que se creará un nuevo reino, el Reino de León, que aglutinará al asturiano, ya que Fruela II permaneció en Asturias, pero reconociendo la primacía del reino leonés. Otro reino injustamente olvidado por el universo entero es el reino de Castilla, éste fue uno de los reinos medievales de la Península Ibérica más importantes del mundo antiguo que surge como entidad política autónoma en el siglo IX siendo condado vasallo del Reino de León. El origen de su nombre se debe a la enorme cantidad de castillos que se encontraban en la zona.

El condado de Castilla se repuebla mayoritariamente por habitantes de origen cántabro, astur, vasco y godo con un dialecto romance propio (el castellano). Un sentimiento de justicia y unidad
dominaba la mente de estos primeros castellanos, los cuales, en un ansia independentista obligaron a la corte de Asturias a la creación de la adjudicatura castellana en el año 843, que no se regían por el “Liber Gothorum” o Fuero Juzgo, esto es, las leyes de la tradición germánico-romana sino que en una ya clara diferenciación con el reino Asturiano, éstos administraban justicia con arreglo al Fuero libre Albedrío.

El carácter fronterizo y de continua lucha de la naciente Castilla no animaba a instalarse en ella a la antigua nobleza visigoda ni a los clérigos mozárabes huidos de Córdoba, por lo que no existe una dependencia de tipo feudal y no se produce una concentración de la propiedad que puede darse en otras zonas, con lo que se mantiene la libertad individual. Así pues, la libertad individual frente a la servidumbre gótico-astur-leonesa, será una de las primeras características del pueblo castellano.

El primer conde del Reino de Castilla fue Rodrigo en 860, bajo Ordoño I de Asturias y Alfonso III el Magno. En el año 931, el condado de Castilla se unifica con el conde Fernán González, haciendo de sus dominios un condado hereditario a espaldas de los reyes de León. Fuente Bibliográfica: Diario Digital El Independiente.

El autor es escritor e historiador Estudiante de la Escuela de Derecho de la Universidad Unilíder.

Oscarfierro.reyes135@gmail.com
FB: Oscar Alejandro Fierro Reyes
IG: Oscarfierro_reyes135

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