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¡Buenos días!


¡Qué bonita es esta expresión: Buenos días! Es, evidentemente, un deseo expreso de que tengas buenos días.

Y es curioso darnos cuenta de que, aunque lo expresáramos de mañana, tarde o noche, mantiene su validez y vigencia.

Hace tiempo nos mudamos en familia a Barcelona. Mi esposa, nuestro hijo León y yo estuvimos viviendo varios años en esa hermosa ciudad, tan importante para mí por muchas razones, una de ellas es que ahí nació nuestra hija Laia.

Pues en esa ciudad, el saludo no es “Buenos días”, sino “Buen día”, en singular. Es curioso que en castellano sea el único idioma de los que conozco, que se desean “buenos días”, en plural.

La gente se saluda en francés, “bonjour”; en inglés, “good morning”; en catalán, “bon dia”; en italiano “buongiorno”…, es decir, buen día, en singular.

¿Por qué será que en español deseamos un buen día en plural? No lo sé. Pero los damos, los deseamos, quizá porque en nuestro interior nos sentimos ricos por esta existencia que nos rodea y prodigamos parabienes con la abundancia de quien posee a manos llenas; quizá porque íntimamente estamos seguros de que lo que viene será bueno y no sólo por un día, sino que sentimos la seguridad de que son muchos los días buenos que se avecinan. Así se los deseo yo a todos ustedes que escuchan estos pensares y decires que salen con sinceridad de mi corazón.

Al decir “buenos días”, lo sabemos, no nos referimos a la climatología, ¿cierto?

Puede llover, hacer sol, o incluso viento y frío, y continuamos saludando y deseando “buenos días”. Con este saludo deseamos algo más profundo: un día lleno de paz, de alegría, de bienestar…

En los pueblos españoles iniciando los Pirineos el saludo se transforma un poco y se dice “Buenos días nos dé Dios”. Y es curioso -y hermoso- que pongamos a Dios como el dador de estos días de felicidad y bonanza. En estos poblados subyace todo un sentido de la vida muy teocéntrico, en que se tiene muy presente la acción de Dios.

Se desean días felices, con el favor y la ayuda de Dios, que no excluye el deseo y el apoyo de nuestro propio actuar humano.

De nosotros depende que hagamos un día feliz para los demás, y otro y otro más continuado.

Los otros contribuirán, desde luego, a que nuestra vida transcurra también de manera más gozosa. Sí, ¡buenos días nos dé Dios! Y que no sea solamente un saludo, sino verdaderamente el deseo de unos y de otros de desearnos días agradables, satisfactorios y fructíferos.

También es éste mi deseo para todos ustedes que escuchan estas palabras, estos sinceros decires y pensares en voz alta.

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