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En las afueras del imperio


En mi columna anterior dimos algo de contexto para entender el grado de influencia que Estados Unidos, un país que a primera instancia da la impresión de carecer de cultura, ejerce sobre todo el mundo. Un país relativamente joven, con menos de 250 años de edad se convirtió en el líder del curso cultural del planeta. El concepto de “cultura internacional” se concibe aquí.

Cuando hablamos de “cultura internacional” realmente nos referimos a cultura estadounidense. Puede que en la terminología sociológica no sea así, pero para fines prácticos esta realidad es inescapable. Estados Unidos ejerce su influencia en todo el mundo. Ninguna otra nación esta ejerciendo su influencia en Estados Unidos.

He hablado en otras columnas de la transformación demográfica norteamericana, pero incluso ahí los nuevos ciudadanos son aglomerados de una forma increíblemente rápida. Los nuevos americanos renacen, absueltos de sus “pecados”, hombres y mujeres nuevos, de ningún lugar y de todo el mundo al mismo tiempo.

Esto es principalmente acentuado en los jóvenes. Por ejemplo, el MeToo y BlackLivesMatter son esencialmente problemas culturales norteamericanos que ayudan a formar la identidad de la clase progresiva internacional. Toda la “cultura de los jóvenes” es realmente cultura norteamericana. Es la demografía más sencilla para la cual concebir un producto para su consumo.

En los rincones del mundo donde no existe un contexto de creación y consumo de producto y contenido muy dinámico, la cultura norteamericana llega para proveer una alternativa a la situación local de millones. Los conecta a una cultura “global” para hacerlos sentir parte de algo. La mayoría de esto es falso, por supuesto. Solamente son preocupaciones estadounidenses.

Por alguna razón, el veinteañero promedio de la clase “intelectual” prefiere ponerle más atención a asuntos de tendencia internacional que a temas de más urgencia que afecta su día a día.

Por ejemplo, en Sonora, donde la incompetencia y prácticas corruptas de la clase gubernamental, la falta de agua, el choque con el pueblo indígena, la recesión, informalidad en la fuerza laboral, crimen organizado, consumo rampante de metanfetaminas o demás temas de mayor urgencia, no parece despertar el entusiasmo que Black Lives Matter.  “salud reproductiva” o dinámicas de género traen consigo.

Por ejemplo, la insistencia de muchos de querer incorporar las áreas verdes a la ciudad de Hermosillo, una ciudad que tiene problemas básicos de infraestructura y no tiene ni siquiera el clima para la inclusión de estos programas, deja en evidencia la ignorancia y la supremacía estadounidense en la conciencia colectiva global.

El que discutamos de Trump de forma constante como si fuera una telenovela, el que exista una conexión emocional con personas que ni siquiera han puesto un pie en los Estados Unidos es un reflejo de esta situación también. La política estadounidense se infiltra en sus noticias locales, buscan las atrocidades diarias que produce nuestra gigantesca infraestructura de medios. ¿Por qué?

Porque quieren ser parte de la clase “intelectual” internacional. China hace cosas terribles, miren los campos de Uiyghur. Cosas mucho peores que las que ha hecho Trump. Pero a quién le importa.

China no es parte de la cultura intelectual global. Es solo un país. Y nadie sabe realmente qué está pasando allí. Las mujeres hermosas solían lucir diferente. Ahora, como la Barbie y sus distintas profesiones, vemos interacciones distintas de Kim Kardashians acorde al país que te encuentres.

El ciudadano del mundo promedio no tiene idea de qué tendencia saldrá mañana de Estados Unidos para dominar su vida, sus ideas, su vestimenta, su cultura e incluso la forma en la que miran a
la sociedad. Sin identidad, sin curso, desesperados por pertenecer a algo. Así  es la experiencia culturar los miles de millones que viven en las afueras del imperio.

El autor cursa la Licenciatura en Economía en la Universidad de Sonora

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