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¡A nadie le caigo mal!


La mayoría de las personas se sabotean por miedo al “qué dirán”.

¿Alguna vez te ha pasado eso?

Yo sé que sí.

Medita las siguientes preguntas:

¿Cómo sería tu vida si hicieras lo que hicieras y dijeras lo que dijeras, nadie hablara mal de ti?

¿Qué serías capaz de intentar si a nadie le cayeras mal?

¿No crees que sea posible?

Así es mi vida.

Puedo hacer y decir lo que quiera y a nadie le caigo mal.

Y antes de que digas que con esa afirmación ya te estoy “cayendo gordo”, déjame contarte algo: Un día estaba platicando con una persona que estimo mucho, llamémosle “Lupita”, me contó unos detalles, me platicó que andaba muy estresada porque en su trabajo sus compañeros(as), e incluso su jefa, la traían contra ella.

No podía decir nada porque ya la estaban criticando y atacando. Ir al trabajo se estaba volviendo insoportable.

Me comentó también que en su familia indirecta había envidias y la traían contra ella y su familia directa.

Y aunque tenían tiempo distanciados, le afectaba porque no dejaban de ser familia. Era una “chulada” de familia indirecta, de esa que quisieras tener… pero bien lejos.

En eso Lupita me dijo:

“Siento que le caigo mal a todo el mundo”.

Y como a veces no conecto la lengua con el cerebro, se me ocurrió decirle:

“Fíjate, y yo a nadie le caigo mal”.

Me miró extrañada, y me dijo que yo le caía mal a mucha gente.

Le pregunté que si a quién y me dijo que no sabía pero que a mucha.

Le volví a preguntar que si a quién y me respondió nuevamente que no sabía, pero que a mucha.

Le comenté que no importaba a quién me dijera, si ella me decía que yo le caía mal a “Lupito”, yo le iba a preguntar que si quién era “Lupito”, independientemente de que “Lupito” sea mi conocido, compañero del trabajo, amigo e incluso familiar.

Y la razón es muy sencilla: si “Lupito” habla mal de mí, o si le caigo mal, al yo preguntar que si quién es “Lupito”, me refiero a que si quién es… de importancia para mí.

Si una persona hace algo con el objetivo de afectarme, para mí esa persona pierde toda importancia, deja de ser “alguien” y pasa a ser “nadie”.

Así que si me dicen que a “Lupito” no le caigo, y si para mí “Lupito” pasó a ser nadie, entonces no miento al decir que a nadie le caigo mal.

Sé que suena egocentrista, pero si ya suficientes dificultades hay todos los días, ¿qué necesidad de darle importancia a personas que no lo merecen?

Prefiero tener a esas personas donde mismo que la familia indirecta de Lupita… ¡bien lejos!

Soy muy tajante en este sentido, no voy a perder mi tiempo con personas que no me valoraron.

Prefiero dedicar mi tiempo a personas que realmente valgan la pena.

Así que si pensaste que ya te caía mal solo por el título, te recomiendo reconsiderar y empezar a aplicar esta filosofía.

El autor es Escritor, Capacitador, Networker, Conferencista y Life Coach en SB3.
beltr0nes@hotmail.com
Facebook.com/SantiagoBeltrones3

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