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Lo que resiste, persiste


¿Cuántas veces hemos dicho “debo dejar de….”?

De comer, de tomar, de fumar, de entregarme a mí misma a los demás…

Por lo general nos enfocamos en el aspecto negativo de nuestras vidas, en lo que debemos dejar de hacer, en lo que “está mal” y hay que corregir.

¿Qué pasa cuando nos enfocamos en lo negativo?

Usualmente comenzamos a verlo como un castigo en vez de una corrección al problema. Si como por ansiedad, al momento de dejar de comer cuando siento ansiedad, inquietud.

El querer “dejar” algún hábito muchas veces viene desde el castigo y genera frustración, cansancio y desmotivación.

Muchas veces la comida nos hace sentir seguridad o estabilidad y cuando dejamos de comer por emociones, al principio podemos sentir inquietud, inseguridad, inestabilidad.

Como cualquier cambio, puede resultar en todo un desafío, pero recuerda que “si cambiamos la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma”, por eso pensar positivo es una herramienta fundamental para mantener nuestros hábitos y motivarnos durante nuestro proceso.

El practicar constantemente la abstinencia comienza a brindarnos tranquilidad, seguridad y estabilidad, es por ello que cambiar nuestra forma de pensar hacia un aspecto positivo hará que logremos más cosas a que si sólo nos enfocamos en “dejar de…”.

Entrena tu mente para lograr objetivos positivos para tu vida.

Modificar tus hábitos no requiere que te esclavices a una dieta restrictiva ni que sufras hambre, quizás puedas empezar por ser consciente de cómo comes para que descubras una parte de ti mismo que te sorprenderá.

La manera en la que comemos refleja mucho de la manera en la que vivimos, para llegar lejos hay que empezar por pequeños pasos.

Una frase que puede aplicarse aquí es: “la obediencia es decidir entre lo que quieres ahora, y lo que más quieres”.

Ser consciente en la manera de comer te ayudará a identificar qué comes cuando tienes hambre física, emocional o espiritual.

Cuando conozcas a profundidad de qué tienes hambre, es cuando podrás tomar la decisión entre lo que quieres en ese momento, y lo que más quieres para tu vida.

Comienza a pensar en qué es lo que quieres lograr, hacia dónde quieres ir y hasta dónde quieres llegar.

Escríbelo sin dejar ningún detalle atrás, no olvides hacerlo en positivo e imaginar cómo te sentirías al lograrlo, visualízate y busca ayuda en un grupo de personas que vivan lo mismo que tú.

Recuerda que es importante que lleves tus sueños a la acción, no hay cambios donde no hay acciones.

Establece metas realistas a corto plazo que te mantengan motivado y recuérdalas en el camino, no te obsesiones ni te desmotives si no lo logras a la primera, la perseverancia es la clave del éxito.

La autora es terapeuta en obesidad.

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