De mente abierta y lengua grande: infidelidad gastronómica

El autor es Licenciado en Periodismo y chef profesional.

Se abrió la puerta del consultorio, apareció Tavo con la cara pálida, la mandíbula contraída y en su mano una decena de hojas con imágenes de alimentos.

En la sala lo esperaba Kena, su esposa, que había estado construyendo pacientemente su cara de: “te lo dije” desde que entró a consulta, y una vez en el carro, cuando Tavo le enumeró los puntos a considerar en su nuevo régimen alimenticio, Kena representó en su rostro la tan ansiada frase; después, no le quedó más remedio que unirse al enemigo y juntos empezaron una dieta baja en harinas, grasas y azúcares.

La penitencia inició el lunes a temprana hora con 30 minutos de ejercicio, luego, 2 claras de huevo con verduras; su colación de nueces a media mañana y para comer, pescado a la plancha con vegetales; todo iba bien.

Ya había caído la tarde y Kena lavaba trastes para iniciar con la preparación de la cena, mientras, al fondo sonaba a todo volumen “No soy una señora, de una conducta intachable en la vida”, de repente se activó el sexto sentido femenino y escuchó los pasos de alguien que se aproximaba cautelosamente a su espalda, abrió el refrigerador con cuidado, sin poder evitar el sonido delatante de los empaques que se despegan de la puerta, apreció la ligera sacudida de un contenedor extraño y después una salida de aire escandalosa; Kena continuó su quehacer como si nada pasara.

Terminó de lavar trastes, preparó la cena y cuando estuvo lista fue a la estancia para informarle a su marido.

Ya en la mesa, mientras comían una fresca ensalada con trozos de pollo, Kena tomó un aderezo del refrigerador, a lo que Tavo respondió con una negativa y trajo el aceite de oliva de la cocina.

Una vez terminada la cena, Kena le preguntó:

¿Te rasuraste Tavo?

- Estás loca mujer, acabo de llegar del trabajo

- ¿Y por qué traes espuma en la barbilla?

- Emmm, no, no es espuma, quién sabe…

Y mientras trataba de limpiarse, Kena se levantó, limpió con un dedo y se lo llevó a la boca.

El sexto sentido nunca falla, Tavo había tomado una lata de crema batida del fondo del refrigerador, la agitó y llenó con ella a presión su boca.

Kena tomó su celular, cambió su playlist y empezó:

“Mientes tan bien, que me sabe a verdad…”.

Todos conocemos o sabemos de alguien que guarda galletas en el buró de la recámara, en el escritorio de la oficina, o entra de paso a un Drive Thru y se come una hamburguesa antes de llegar a casa, a sabiendas de que le espera la solidaridad de su pareja que a pesar de estar en buen estado de salud, se une al gran reto de comer sano y equilibrado.

Sin duda, la mejor manera de evitar la infidelidad gastronómica es definir un día para comer y disfrutar juntos los alimentos “prohibidos”, planear el menú de ese día y cocinarlo en conjunto.

Será un momento que seguramente disfrutarán mientras se espera la fecha acordada, casi como si se tratara de un cumpleaños.

El autor es Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

@chefjuanangel