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Al son que me toquen… como


“El sauz y la palma se mecen con calma, sus hojas se visten de una cara azul…” la mayoría de las parejas toman asiento en la orilla de la plaza, otras en la banqueta y algunos se recargan sobre las paredes de las casas contiguas; llegó la hora, las piezas claves comienzan a cobrar vida y todas las miradas se dirigen a la casa de la esquina, a donde entra “La Pola” junto a un séquito de señoras; El Sauz y la Palma, sumado a la hora que marcan los relojes, más el preciso movimiento de ciertas personas, indica que llegó unos de los momentos más importantes de la boda; la novia recoge la cola sucia de su vestido, el novio seca el sudor de su frente y juntos toman asiento en la mesa de honor, donde los esperan dos copas llena de vino espumoso que usaron para la foto y quedó solitaria, sin burbujas.

Por los alrededores de la plaza se divisan 4 hombres con galones en mano, que han sido adecuados como picheles para servir cerveza a los sudorosos invitados.

Y en un santiamén, sale “La Pola” junto al grupo de repartidoras, con charolas en mano, repletas de platos servidos de la siguiente manera:

En el compartimiento grande: barbacoa de malla con un buen trozo de papa, aceituna y la hoja de laurel que nadie quiere, pero todos terminan chupándola para extraer el último resquicio de sabor al plato.

En el compartimiento de ¼ de plato: frijoles puercos, hechos por las manos sabias y nunca igualadas de Ana Bertha, quien lleva años cocinándolos para los mejores eventos de la Capital del Mundo, San Pedro de la Cueva.

En el otro compartimento de ¼: repollo finamente picado, tal cual lo hubiera cortado el joven manos de tijera, y encima una cucharada de salsa picante de tomate con gran aroma a orégano.

Encima de los alimentos hay una bolsita que tiene embarrados la mitad de los frijoles, dentro de ella hay un tenedor, una servilleta humedecida por el calor de las dos tortillas medianas que también vienen en el empaque y para sujetarla, un picadiente, que al final será de mucha utilidad para retirar las hebras de carne de la dentadura y seguir bailando de cachetito.

Los grandes disfrutes de la vida siempre van de la mano, una pieza musical es, sin duda, el acompañamiento perfecto de un plato de comida.

Y dependiendo de la situación, humor, energía y alimento por comer, podemos decidir qué canción escuchar.

De algo estoy seguro, no se acompaña con la misma música una cena romántica, una taquiza o una tarde botanera frente al mar.

Así como existen listas de reproducción dedicadas a la limpieza del hogar, también las hay para cada momento especial donde se tiene de frente un alimento o bebida, aquí, les dejo algunas recomendaciones de Spotify:

  • Dinner with friends.
  • Dinner for two.
  • Cocina sin sabor.
  • Cocina con Jorge Vallejo.

El autor es Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.
@chefjuanangel

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