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¿Comunicador o comunicólogo?


Era el primer día de clases.

Los alumnos de nuevo ingreso apenas nos estábamos conociendo, y con un maestro decidimos hacer una mesa redonda donde cada uno diría por qué habíamos elegido la carrera de Ciencias de la Comunicación.

La mayoría eran estudiantes foráneos, provenían de Ciudad Obregón, Navojoa, Guaymas, Nogales y Puerto Peñasco y yo era una de las pocas hermosillenses que nos encontrábamos en esa aula; todos ansiosos por conocer cada una de las respuestas.

“Yo entré porque me gusta mucho hablar, me llama la atención la radio y quiero ser locutora”, “a mí no me gustan las Matemáticas, por eso elegí esta carrera”, “Yo estoy estudiando esto porque mi familia tiene una estación de radio”, “¡A mí me fascina tomar fotos!, por eso estoy aquí”.

“Mi papá tiene un periódico y trabajaré con él”.

Hubo muchas respuestas y entre éstas, también hubo algunas que subestimaron la carrera, como la de una joven que afirmó que sus padres le habían dicho que no tenía nada qué hacer en esa carrera puesto que ella era inteligente.

Esa dinámica, más que motivarnos a iniciar con entusiasmo nuestras primeras materias, fue una “probadita” de lo que después constataríamos a medida que avanzaba la carrera, hasta darnos cuenta al final que egresaríamos siendo unos “todólogos”, es decir, con un abanico enorme de posibilidades, pero sin un enfoque específico, si nosotros mismos no lo buscábamos.

Además, esa errónea percepción limitada de que un comunicólogo es sólo un comunicador, a varios desengañó al transcurrir la carrera, ya que muchos tenían habilidades para comunicarse verbalmente, pero sólo de esa manera, y hubo quienes se dieron de topes con clases como Estadística, donde era necesario manejar números.

Y fue en ese momento cuando comprendí por qué muchas personas menospreciaban nuestra carrera, al expresar que estudiaban MMC, pero no se referían a Medios de Comunicación Masivos, sino a la frase “Mientras Me Caso”.

Y hoy, casi tres décadas después, me percato de que la sociedad, a pesar de que la carrera se ha modernizado y actualizado gracias a la tecnología, sigue siendo una profesión que se ve por debajo de cualquier otra licenciatura o ingeniería.

“Mi chamaco ahí anda…está estudiando… quiso…Comunicación, ni modo, lo que sea, pero que estudie”, expresó un señor mientras platicaba con un amigo en la fila de un banco, justo delante de mí, y confieso que escucharlo me dolió.

Es por ello que en esta ocasión, quiero exhortar a los aspirantes a estudiar la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, en cualquier institución que se imparta, que lo hagan con certeza de lo que quieren hacer.

Que conozcan el plan de estudios y exijan que éste sea impartido.

Que defiendan y reivindiquen esta profesión que tiene gran potencial siempre y cuando se enfoquen en el área que sea su fuerte y no les pase como a muchos, que el día de su graduación se topen con una incierta realidad, donde a los más que lleguen es a trabajar como empleado en un medio de comunicación o dar clases de alguna materia.

Por la gran variedad de ramas que abarca esta carrera, un profesional podrá desempeñarse como productor, programador o director de medios de comunicación, pero también estará apto para ejercer funciones como gestor de empresas de servicios en periodismo, publicidad, relaciones públicas, producción audiovisual e impresa.

También como organizador y ejecutor de acciones de comunicación organizacional en medios masivos, ámbito político, empresas privadas y públicas y organismos internacionales.

Y qué decir del ámbito de la investigación, una fuente rica en resultados útiles para la toma de decisiones y políticas públicas y privadas.

No te quedes en ser sólo comunicador, estudia una bella carrera, no te limites a lo técnico y ejerce como todo un verdadero comunicólogo.

La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación.
Ha sido reportera y editora en medios impresos.
Correctora de estilo en periódico EXPRESO.
writtingsolutions1972@gmail.com

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