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Cómo festejar a papá en Sonora


El señor se levanta temprano y con apuro desayuna y se despide de su esposa e hijos.

A veces va a comer a casa y a veces no.

Regresa por la tarde o de noche, se ganó el pan de cada día.

Al llegar, mujer e hijos tienen asuntos que necesitan respuestas, afecto o disciplina.

Hace hambre y cena, se toma un pequeño tiempo hasta que lo vence el sueño o le repara la yegua, si es así, tendrá que domarla, el trabajo aún no termina.

Los hijos ocupan la atención de toda la vida adulta del hombre, son educados en el amor por su madre y con el ejemplo de papá.

Las cosas de hombres las comparte con los niños, los deportes, la carne asada.

Con las niñas son halagos, son afirmaciones de valor que hacen mujeres fuertes.

El papá hace habilidosos a los niños y fuertes a las niñas.

Pocas veces le dan gracias, pero no las necesita, cuando las escucha las olvida en el instante, este trabajo no termina nunca, papá nunca se quejará.

Esta es la rutina del hombre desde que se casa con su novia de unos años, hace una familia (a veces más) y hasta que se muere, pero nunca hubo quejas, ese es el camino, eso es ser hombre, eso es ser padre, no hay otro como él.

Fueron padres todos los que libertaron países, los héroes de todas las patrias del mundo.

¿Qué ser tan grande decide ir a la guerra y perder la vida para liberar un país cuando tiene mujer e hijos en casa?

Los papás hacen eso.

Unos papás tienen mucho dinero, unos un poco menos y otros no tienen su comida asegurada, ni la de su mujer ni de sus hijos, pero los tres hacen el mismo trabajo.

Saben sonreír cuando el pasto es verde y cuando está seco, así es el jale.

¿Cómo recompensar al que mantiene a la familia y a la sociedad?

¿Le damos las gracias?

¿Lo elogiamos frente a todos?

¿Le compramos algo?

Primero veamos lo que papá no necesita en su día.

Papá no necesita que le den las gracias ni que le compren cosas, tampoco que lo elogien frente a otros ni que lo lleven a lugares especiales, nadie lo sabe porque no lo dice, pero papá: ¡no necesita ni madre!

Lo que puedes hacer por papá en su día se resume en dos cosas: recuérdenle sus hazañas y ¡que haya carne asada!

Recordando las hazañas de papa.

Como toda su vida es ser un ejemplo, sus logros del pasado lo definen hoy, recuérdale lo grande que han sido sus hazañas, recuérdale que es tu héroe, los paseos, las tonterías, los triunfos, recuérdaselos.

Esto es como: entrégale una medalla de honor como lo hacen con los valientes en la guerra, porque todo buen papá: ¡es un hombre de honor!

Que haya carne asada.

Desde que se casa hasta que muere, papá pone las tortillas en la mesa, así que no hay nada mejor que seguir con su rutina y ponerle un pedazo de diezmillo o arrachera encima.

Con taco en mano pueden empezar a recordarle sus hazañas.

Las gracias, las cosas, los elogios y los lugares no le interesan, a mí y a mi papá: ¡nos valen madre!

A Guillermo ‘El Cuate’ Olaiz.

“Pá, no te puedo ir a dar las gracias ni darte regalos, ni ir a elogiarte ni llevarte a algún lugar. Pero te mandamos una picaña a la leña para que tengas tu carne asada. Quisiera estar contigo. ¿Te acuerdas que abriste el primer negocio de pescado ahumado del noroeste? Raro que ahora soy campeón de parrilladas, quizá me pusiste un buen ejemplo. ¿Te acuerdas cómo bailábamos como locos tú, yo y el Nany? ¿Te acuerdas que andabas ruino, que perdiste una hija, pero que saliste de la ruina, que formaste una nueva familia y ahora traes lana y eres más feliz que nunca? ¿Qué tal tu picaña?”

El autor es Campeón Nacional de Parrilladas 2017.

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