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La inteligencia gastronómica


La inteligencia gastronómica, o lo que yo llamo IQ gastronómico, es: “La capacidad de utilizar el conocimiento y la experiencia para comprender y distinguir las características objetivas y subjetivas en la calidad de un platillo o ingrediente, así como su expresión artística y filosófica”.

La inteligencia o IQ gastronómico es un equilibrio entre dos elementos opuestos complementarios que hacen dos cosas por nosotros:

Ampliar nuestra perspectiva a través de la variedad y la comparación.

Distinguir la calidad de los alimentos a través del análisis profundo.

Una perspectiva amplia y un análisis profundo nos permiten disfrutar más de la experiencia culinaria. Entre más inteligencia gastronómica tenga una persona, mayor es su capacidad para disfrutar de la comida. Los que han tenido menos exposición a la variedad y los que no estudian sobre la cultura de la gastronomía tienen menos capacidad para disfrutar porque tienen menos conexión entre la emoción y la razón.

Hay que elevar nuestro IQ gastronómico adiestrándonos para evaluar las experiencias gastronómicas dejando un registro físico en nuestra memoria. Usamos la evaluación para retar nuestra inteligencia y usamos nuestra memoria para fijar las experiencias y hacer mejores evaluaciones en el futuro.

Plan de desarrollo del IQ gastronómico

  1. Aléjate de la comida rápida extranjera y la chatarra porque atrofian tu inteligencia.
  2. Lee y estudia.
  3. Prueba más platillos nuevos con más frecuencia.
  4. Compara el mismo platillo en lugares diferentes.
  5. Prueba la gastronomía tradicional antigua local, del país y de otros países.
  6. Prueba la cocina modernista y la alta cocina cuando el presupuesto lo permita.
  7. Investiga sobre el origen e historia del platillo, su preparación, sus ingredientes.
  8. Intenta adivinar los ingredientes, especias, hierbas, etc., que lleva el platillo.
  9. Haz una descripción amplia de la experiencia, toma notas en papel o en tu celular.
  10. Al evaluar, evita usar términos ambiguos como: “está muy rico”, “me gustó más el primero”, “se deshace en la boca”, “me gustó la combinación de sabores” y otros semejantes que no dicen nada de lo aprendido.

La inteligencia no se trata de decir qué nos gusta y qué no, no la necesitamos para esto. El propósito de desarrollar la inteligencia es poder evaluar un platillo en términos de su calidad, y para eso debes probar y comparar muchos iguales (perspectiva amplia) y conocer lo que estás probando (análisis profundo).

El ejemplo con el vino. Muchos dicen (aunque no estoy de acuerdo): “el mejor vino es el que te gusta más” esto es fácil de responder. Pero ¿qué dices si te preguntan?: “De estos dos vinos ¿cuál es de mayor calidad y por qué?” Muy diferente, para responder esto necesitas conocimiento, es decir: inteligencia.

El ejemplo con la música. Muchos dicen (aunque no estoy de acuerdo): “sé mucho de música, soy fan del rock”. Conocer la historia de una banda de rock es fácil, pero tocar sus canciones es diferente. Saber de música es saber tocar instrumentos (incluyendo el canto). Sabe más de música el que toca la guitarra que el que lee todas las revistas de rock, porque no sólo siente la pasión, sino que: tiene inteligencia musical.

 

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