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No eres tú, es tu horario


Un día escuché una frase que me dejó callado, y esa frase decía: “Qué tan dañados tenemos que estar para buscar hacerle daño a alguien”, y a lo que voy con esta frase, y con la intención de llevarlos a repensar lo que piensan, es con el objetivo de poner sobre la balanza nuestra capacidad de amar, de querer y de estar con alguien.

Un día no muy lejano me andaba, literal, enamorando, y al principio todo parece perfecto, los defectos gustan, la impuntualidad se perdona y el control es algo que nunca vemos como alerta. Y es que conocer a alguien es enfrentarse a una serie de obsesiones nuevas. Es enfrentarse a temores y atracciones insólitas, en definitiva, uno se enfrenta a formas originales de ejercer miles de manías. Pero por desgracia, sobre todo durante las primeras citas y los primeros meses de relación mucha gente tiende a ‘autoesconderse’, a revelar lo menos posible de sí mismo, y se dedican hacer de sus gustos algo extraordinario.

Parte del éxito de una relación es reconocer los tiempos, ya sean de trabajo y los tiempos que ambos se regalan para estar juntos. En ocasiones no habrá otra que dedicar más tiempo del deseado a asuntos del trabajo. Así que no se frustren, y entiendan que hay ciertos trabajos, momentos o tareas específicas que requieren una dedicación extra.

Les cuento esto porque me pasó, me pasó tan cruelmente que como dice la canción “todo se derrumbó” y no era yo, era mi horario de trabajo… y el tiempo lo dijo todo y pues he aquí uno soltero contando historias. Si no me entendieron, básicamente me mandaron a volar, porque según no tenía tiempo.

Hasta que caí en razón y me di cuenta de que cuando queremos tener tiempo para algo, lo tenemos incluso aunque no lo tengamos. Y sí, suena como trabalenguas, pero siempre hay la oportunidad de buscar tiempo para lo que nos gusta. De ahí nace la habilidad de delegar y dar prioridad a todo lo que hacemos. No crean que todo el trabajo es esencial, o que no se puede hacer en otro momento, o de otra forma, o incluso no hacerlo. No hagan una montaña con un grano de arena.

Al final uno se queda con lo que uno elige, nada llega solo, ni mucho menos nadie nos obliga a vivir tóxicamente. Y a veces parece complicadísimo encontrar con quién compartir lo que somos. Yo sólo les digo que la búsqueda termina exactamente donde comienzas amándote a ti mismo. Una vez que logres amarte completamente, podrás transmitir esa seguridad y esa madurez que te hará entender el valor del tiempo y es ahí donde nace el amor.

 

El autor es comunicólogo y bloguero de temas de estilo de vida.

Twitter:@diegoguereromx

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