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¿Cuánto cuesta educar a un mexicano?


Un viernes a medio día Pancho salió de su trabajo, le había prometido a su vieja y sus dos bendiciones llevarlos a visitar a un tío que tenía allá en Phoenix, Arizona; para el viaje llevaban lonche para no perder tiempo pues la Chayo ya había cocido unos huevos y empacado unos burros de frijoles y de huevo con chorizo en una bolsa de la Ley.

Pancho manejaba por la Cuatro Carriles a toda velocidad rebasando por todos lados, la bolsa de Ley la tiró por la ventana pasando Benjamín Hill; en Santa Ana llegó a un Oxxo se estacionó en un cajón para personas con capacidades diferentes para comprar un bote de cheve de esos largos “p’al camino”.

Sus bendiciones brincaban de un asiento a otro en la camioneta, llegaron a Nogales a la garita de Mariposa e hicieron cola para pasar “p’al otro lado”, estacionaron su vehículo y bajaron para pedir permiso con los gringos, al salir del edificio ¡nombre! el Pancho ya era otra persona, allí mismo en el estacionamiento antes de subirse al carro checó que todos los focos, direccionales, que todo funcionara bien, que no tuviera alguna rajadura el vidrio delantero.

También se deshizo de todos los discos pirata de Los Tigres del Norte, Chalino Sánchez y Valentín Elizalde, checó que su seguro de automóvil para el extranjero estuviera vigente, revisó que su licencia de automovilista y que sus placas fueran perfectamente visibles y estuvieran al corriente; ya que estuvo seguro, entonces sí, subió a su vieja la Chayo y a sus dos bendiciones. ¡Ah!, pero antes los amenazó para que todos se pusieran sus cinturones de seguridad. Ya en el freeway jamás se excedió del límite de velocidad, usaba las direccionales oportunamente, respetaba la distancia entre vehículos y hasta llegó a una gasolinera a tirar la basura que habían acumulado en el carro y todo esto por ¿cuánto cree usted?

¡Seis dólares! Así como lo lee, seis dólares son suficientes para educar a un mexicano, y sólo porque pasando 10 centímetros más allá de nuestra frontera hay un país donde la autoridad sí tiene autoridad, aplican las leyes y por consiguiente hay consecuencias.

Jorge Tapia Íñigo
El autor es miembro fundador de la Sociedad de Parrilleros de Sonora.

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