Colaboración Especial

Nuestros ‘Getsemanís’


Estando Jesús ante esa gran tribulación y desolación, se dirige al Padre con la palabra más tierna y dulce: “Abbá”, o sea, papá. En la prueba, Jesús nos enseña a abrazar al Padre, porque en Él está la fuerza para seguir adelante en el dolor. En la fatiga y desolación, la oración es alivio, confianza, consuelo.

2) Para pensar
En nuestros momentos de dificultad, nuestros “Getsemanís”, Jesús nos enseña a acudir confiadamente a nuestro Padre Dios.

Sucedió hace años en la sierra de los Andes, donde las comunidades están muy distanciadas y no suele haber carretera, sino que se ha de ir cabalgando por la montaña cruzando barrancos y lomas. Un sacerdote estaba encargado de atenderlas. Con frecuencia hacía más de un día para ir de una a otra. En una ocasión el sacerdote se perdió en la puna andina del Perú por donde misionaba.

No sabiendo qué hacer, se encomendó a su ángel de la guarda y dejó que el caballo siguiera su instinto. La noche se venía encima y la temperatura se volvía heladora, pero de repente vislumbró una débil luz. Se acercó y era una pequeña choza semienterrada en el suelo.

Salió un indígena casi a gatas con una linterna de queroseno en la mano. El sacerdote trató de disculparse: “Perdón, pero estoy perdido…” Pero al hombre le brillaron los ojos y le interrumpió: “No andas perdido, padrecito. Es la Divina Providencia quien te trae. Mi mamacita hace días que no para de rezar a nuestro Padre Dios para que vinieras. Está muy malita; entra no más”.

Allá, en el interior, yacía agonizante la viejecita. La confesó y estuvo junto a ella hasta que falleció. Lo último que la mujer dijo, fue: “El Papacito Lindo me ha escuchado”. La buena mujer se había encomendado a su Padre Dios que la atendió hasta el final (cfr. S. Valero, “Yauyos. Una aventura en los Andes”).
Dios Padre siempre nos escucha, pensemos si solemos acudir a Él en nuestras necesidades.

3) Para vivir
Comenta el Papa Francisco que cuando estamos en nuestros Getsemanís, a menudo elegimos quedarnos solos en lugar de decir “Padre” y confiarnos a Él, como lo hizo Jesús. Nos hace falta confiarnos a su voluntad, que es nuestro verdadero bien.

Cuando en la prueba nos encerramos en nosotros mismos, dice el Papa, excavamos un túnel interior y nos quedamos en la soledad. Pero la soledad no ofrece salidas. En cambio, la oración, sí, porque es relación, es confianza. Jesús lo confía todo y todo se confía al Padre. Cuando entremos en nuestros Getsemanís, -cada uno tiene sus propios Getsemanís, o los ha tenido, o los tendrá- acordémonos de rezar así: “Padre”.

El Papa nos invita a pedir al Señor que la celebración de la Pascua nos impulse a vivir confiando al Padre las pruebas que nos afligen.

Pbro. José Martínez Colín
articulosdog@gmail.com

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