Tenemos que aceptar que la Verdad está oculta. Es parte de su naturaleza. Las verdades están reservadas, las ciencias todas, la filosofía, son esfuerzos por encontrar la Verdad. Para el asunto de la Política, aquella que regula parte de nuestras vidas y que es alérgica a buena parte de la humanidad, la verdad tiene sus propios y tortuosos caminos. La contraparte de la verdad en política es la corrupción y en México, la cultura de la corrupción es tan benéfica a los espíritus descompuestos que luchan con todo para que la Verdad no salga a la luz. El adversario de la corrupción es la Verdad. Por eso se oculta tanto, se engaña, se miente, se mata por ocultar la Verdad y Usted que me hace el favor de leer sabe de todos los temas que en México permanecen ocultos, bajo resguardo de grupos de poder. 

Esta semana se dio un suceso, un estallido en contra de la verdad. El asunto de Julian Assange, ese hombre que sacó a la luz millones de documentos ocultos que evidencian las peripecias del poder, sus avatares delincuentes, su camino de crímenes, su circuito del dinero. El hombre fue sacado de la embajada ecuatoriana en Inglaterra por negociaciones turbias del presidente de Ecuador, Lenin Moreno con el poder imperial de Estados Unidos. La Verdad de los papeles Wikileaks es el fondo del asunto y mucho saldrá aún de ahí, documentos que revelan la naturaleza del poder económico y sus vilezas de cañería. La hazaña de Assange le cobrará caro al hombre su atrevimiento de haberse metido en los trabajos de revelar las verdades.

En ese dramático contexto, en México tenemos una burda caricatura del tema. Un periodista conocido,enderezó esta semana una serie de preguntas de alta ingenuidad al presidente de la república, preguntas que no se hacen ni en preparatoria, fueron la penosa batería de lujo de la presuntuosa actitud del reportero.

Ese periodista merece unas clases de sociología, de procesos económicos y políticos. Habrá que recomendarle algunos tutoriales para dummies de derecha sobre la historia del país. Es una vergüenza para el gremio que una persona que se precia de periodista pueda generar tales cuestionamientos. Todos los reporteros de la fuente presidencial saben perfectamente que cuando en un país se alcanzan un conglomerado de cifras rojas sobre todos los temas, desde economía, salud, crímenes y corrupción, es que algo muy poderoso sucede desde hace mucho tiempo. Los procesos mexicanos de gobierno están suficientemente infestados de corrupción como para generar esas cifras de asesinatos, de omisiones, de acuerdos criminales, de vistas gordas.

Aquí en México desde hace muchos años sucede lo peor. Lo peor. Se trabajó desde todos los ámbitos de decisiones económicas y políticas para usufructuar las instituciones y desde ahí operar delincuencia organizada. Se trabajó para robar como nunca, con el permiso y favor comprado de las altas jerarquías del poder. Todo lo que se oponía se desaparecía. Todos recibieron sus centavos para que pocos recibieran sus billetes, los territorios. Por supuesto la gente no importaba, nunca importó. Se trató de controlar todo desde las estrategias mediáticas del control de daños y fueron asesinados centenas de miles, incluidos periodistas, luchadores de derechos humanos, ambientalistas, liderazgos. Se trabajó para debilitar la fuerza pública, porque la propia fuerza pública fue intervenida por la delincuencia organizada. La inmensa suciedad moral de demasiados actores políticos y económicos, internacionales y nacionales, durante décadas, fueron el ingrediente para que las cifras de crímenes sean ahora los elementos pertinentes para describir la situación del país. Las gigantescas energías que se invirtieron en enloquecer de dinero, poder, droga y crímenes propiciaron una enfermedad institucional que tardará años en ser completamente desterrada. Eso sin contar con la reingeniería institucional que se requiere para sanearlas pues la propia organización interna está carcomida por tráfico de favores, enroques, espacios inútiles, pagos fastuosos comprometidos. Cuando la verdad sea descrita con todas sus luces solo habrá horror en la conciencia de los ciudadanos.

Y entonces tenemos aquí que un dócil e ingenuo periodista elabora unas preguntas que a todas luces vienen generadas por una necesidad de reflectores, de saciar un inmenso apetito de vanidad insatisfecha y mercantil. El inmenso drama mexicano no se merece esas caricaturas de preguntas del periodista en cuestión. Simplemente es no entender nada de las implicaciones del tejido, el grosor, el peso y la complejidad de los procesos históricos.

A cuatro meses de asumir un poder político, a cuatro meses de ejecutar una estrategia de gobernabilidad con los poderes económicos que siempre pedirán su espacio, su dotación monetaria y con la delirante presión del poder del crimen organizado que pide espacio, es imposible pacificar de inmediato a un país que está cautivo por el enloquecimiento de los poderes informales por la ansiedad de poder y dinero. A unas semanas en que finalmente pueda operar la idea de seguridad pública de este gobierno a través de la Guardia Nacional, no es posible que no se entienda la encrucijada histórica del país. Estamos precisamente en el umbral.

A la prensa la regula la prensa. Vaya esta posición para pedir respeto a la inteligencia periodística y para aclarar, también en este gremio hay diferencias, no todos son iguales.
“La verdad, están en el corazón y en nuestro pueblo”, Octavio Almada.

Octavio Almada Palafox
@octavioalmada1
@ElCobanaro