En esta semana de mensajes de Trump acerca de la migración y el muro fronterizo, muchas notas están marcadas por el "fact-checking", la verificación de hechos o de la información mediante la que el presidente estadounidense ha argumentado su caso. Lo interesante, sin embargo, es que Trump ha logrado establecer tal conexión con determinados sectores de la sociedad estadounidense —para quienes su discurso tiene todo el sentido del mundo, y ante quienes el despliegue de datos solo parece alimentar su desconfianza— que me parece fundamental comprender qué es lo que hay en juego, y cómo debe jugarse ese juego bajo reglas que no siempre dominamos.

Empecemos por el miedo. Desde 2016, Trump presenta a su país como un sitio descuidado, plagado de violencia, crimen, droga y terrorismo, del que los mandatarios previos han perdido todo control. Los males de la nación, bajo esta óptica, proceden de afuera. Por las fronteras porosas y desatendidas, aprovechándose de leyes laxas, penetran "hordas" de criminales, "lo peor de sus países", para infestar a EU con droga, violencia y terror. En esa lógica, un muro es la "única" solución para garantizar la seguridad del país frente a la "crisis" y "emergencia" provocada por los migrantes del sur, entre quienes, por cierto, se mezclan "personas de Medio Oriente" que buscan atacar.

Ante ese discurso, tenemos el contraste de información proporcionado por analistas como nuestro ex embajador en Washington, Arturo Sarukhán, quien a través de su cuenta de Twitter aportó datos para explicar que no hay una crisis de terroristas penetrando EU desde la frontera con México. En ese sentido, un análisis publicado en Foreign Affairs indica que, después del 11 de septiembre del 2001, el 100% de atentados en EU ha sido perpetrado por ciudadanos estadounidenses. El propio Departamento de Estado indica en un reporte reciente que "no hay evidencia creíble" de que algún grupo terrorista haya enviado operativos para penetrar la frontera desde México.

En otro ámbito, el del crimen, podríamos compartir incluso más datos duros. De acuerdo con un reporte de la AP, también de esta semana, una gran cantidad de estudios sociales han encontrado que los indocumentados en Estados Unidos y los inmigrantes con documentos son menos proclives a cometer actos criminales que los ciudadanos estadounidenses.

Y, sin embargo, en el discurso de Trump, y, sobre todo, en términos del vínculo emocional que consigue establecer con su base de seguidores, esos datos no sólo son irrelevantes, sino que son escuchados y procesados a través de sesgos y suspicacias. Trump habla a una base republicana que tiene miedo y que ya está convencida de que el mayor problema del país es, en efecto, la inmigración.

Esto es lo que hay que entender: Trump está en lo suyo. Hay una "crisis". Los criminales y los terroristas "nos invaden" y el muro es la "única garantía" para nuestra seguridad. ¿Quieren mantener cerrado el gobierno durante meses o años? Adelante. Cada día que pase es un día más en el que el presidente envía el mensaje a sus aterrados seguidores de que, a diferencia de los mandatarios del pasado y a diferencia de los demócratas en el presente, él sí está dispuesto a protegerlos. Y a pesar de que hay muchos millones de ciudadanos que no piensan así, quizás hace falta asimilar con mayor claridad los canales emocionales por los que este tipo de retórica se desplaza y moviliza, y presentar discursos y narrativas alternativas que logren contrarrestar mejor el uso del miedo que tanto le ha funcionado a Trump a lo largo de estos años.

Mauricio Meschoulam
(Analista internacional)
Twitter: @maurimm