Actitudes

Digamos lo bueno de la pandemia


Estamos a quince días de concluir 2020, uno de los años más trágicos y complicados de las últimas décadas.

Para los nacidos de los años 50 a la fecha, se trata sin duda de la etapa más compleja ante los daños físicos, económicos y sociales que trajo la pandemia del Covid-19 a la humanidad entera.

Quienes nacieron antes de los 50 vivieron etapas todavía más difíciles como la segunda guerra mundial en Europa, las guerras de Vietnam y Corea en Asia, así como la guerra civil española que fue por demás cruenta y dolorosa.

Pero pese a todo y las miles y miles de muertes y contagios por el coronavirus, la pandemia trajo también momentos positivos y grandes experiencias a nivel nacional y mundial.

No hay mal que por bien no venga, reza el viejo refrán que muy bien se puede aplicar a la calamidad que vivimos en este 2020.

El primer punto positivo es que la pandemia reunificó a millones de familias que por trabajo, estudio o simplemente por gusto vivían separadas.

Conocemos infinidad de familias cuyos miembros regresaron a sus hogares de origen para trabajar desde casa, estudiar vía online o simplemente porque ya no podían sostenerse.

No en todos los casos funcionó bien la nueva relación, sin embargo, el hecho de estar de nuevo en casa y unidos ayudó a enfrentar con mayor éxito la pandemia.

Incluso algunas personas de la tercera edad que tuvieron que aislarse lograron construir una independencia física y emocional de la que no se creían capaces. Aunque este sector fue el más afectado por los contagios y los decesos, huelga decir que hoy las personas de la tercera edad son en su mayoría más autosuficientes y de alguna manera más felices.

El alto súbito en nuestras vidas que produjo la pandemia ocasionó otro punto positivo: darnos cuenta que podemos vivir profesionalmente sin el estrés de los viajes y sin la angustia de estar todo el día en la oficina para poder alcanzar los resultados deseados.

En otras palabras, hemos aprendido a trabajar para vivir y no vivir para trabajar como era el caso de muchos.

Recordamos cómo nuestros padres y abuelos se daban tiempo en un día de trabajo para tomar el café con los amigos, visitar a sus familiares más queridos e incluso para tomar un aperitivo antes de comer y seguir después la jornada de trabajo.

Otro elemento aleccionador que deja la pandemia es habernos enseñado a vivir de manera más modesta, sin excesos ni lujos ni comodidades extravagantes.

Nos dimos cuenta que no es necesario vestir a la última moda, tampoco comer en los restaurantes más exquisitos de la ciudad, vaya, ni siquiera adquirir el coche del año porque la movilidad y la presunción de un auto lujoso pasó a segundo plano.

Los hogares y no las fábricas ni las oficinas se convirtieron durante la pandemia en el centro del universo. Las familias pasan hoy en día más horas dentro de sus casas y han aprendido a disfrutarlas y a valorarlas más.

En Estados Unidos el valor promedio de las casas aumentó este año a pesar de la crisis por las bajas tasas de interés, pero también porque las familias están buscando espacios mejores para vivir, es impresionante el monto de inversiones que se destina hoy en día para mejoras y remodelaciones de casas-habitaciones en el vecino país.

Finalmente, hay que decirlo, las familias dedican hoy más tiempo que nunca en casa a cultivar su intelecto y a enriquecer su vida espiritual.

Las horas que antes invertían para trasladarse al trabajo o para viajar se aprovechan, en buena medida, a leer más y mejores libros, actualizar sus conocimientos y en muchos casos acercarse a Dios y a sus respectivas creencias religiosas.

Cuando esta pandemia termine, que esperamos sea pronto, habremos de salir sin lugar a dudas fortalecidos como seres humanos y como sociedad.
En definitiva hay mal que por bien no venga.

Noticia final…

Los incrementos sustantivos del salario mínimo para 2019 y 2020 fueron justos y necesarios ante el rezago que por años existía en la remuneración básica de los trabajadores mexicanos. Sin embargo, aumentar 15% más para 2021 en plena contracción económica representa un golpe durísimo para las empresas pequeñas y medianas, que ya no ven lo duro sino lo tupido.

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