Pero no renuncia al premio de Peña

"Pero no renuncia al premio de Peña", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón

La facciosa intolerancia de la titular del Conacyt, María Elena Álvarez Buylla, queda expuesta en su renuncia a la Academia Mexicana de Ciencias, a quien acusa de haberse dedicado “a lo largo de este sexenio transformador a actuar como caja de resonancia de los posicionamientos políticos de los adversarios de la Cuarta Transformación…”.

Afirma que la más importante asociación civil de investigadores (fundada en 1959) “fue capturada por grupos de poder conservadores y usada para golpear al actual gobierno con el propósito de defender intereses particulares…”.

Poco antes de difundir su dimisión, la señora subió a redes sociales una foto del Presidente de la República con la consigna “¡Es un honor estar con @lopezobrador_!”.

Y al final de su carta el hashtag #laAMCnomerepresenta.

Su autoexclusión fue motivada porque, ante el cambio de gobierno que se avecina, la AMC difundió seis propuestas y reflexiones sobre el futuro de la política de ciencia, tecnología e innovación en México:

1. Reformar el sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación para garantizar la libertad académica, la participación democrática y la autonomía.

2. Asignar un financiamiento suficiente, sostenido y progresivo para las actividades de CTI.

3. Expandir y fortalecer las comunidades científicas y tecnológicas.

4. Fomentar la innovación que contribuya al bienestar social y el desarrollo sustentable.

5. Promover la comunicación pública de las ciencias.

6. Fortalecer la colaboración internacional en materia de CTI.

Eso la indigna y lo juzga “reaccionario”.

Bióloga de profesión, Álvarez Buylla recibió en 2017 de Enrique Peña Nieto el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de ciencias físico-matemáticas y naturales, pese a vivir convencida (al menos desde 2015, según la ponencia que llevó a un seminario zapatista) de que “la ciencia occidental es la que ha producido los avances más deslumbrantes y quizá más inútiles, como la llegada a la Luna”, y de que “en el sistema capitalista neoliberal globalizado las corporaciones usan a las científicas y su ciencia, nuestra ciencia y dictan qué se investiga y qué no, y cómo legitimar sus negocios. Esto es a lo que llamo los avances de la hidra disfrazada de ciencia”.

Al asumir la dirección del Conacyt desbordó su oportunismo cuatrotero con el anuncio de que se proponía “acabar con la ciencia neoliberal”.

En 2021 promovió infundadas y ruines acusaciones de delincuencia organizada y lavado de dinero contra 31 académicos, científicos y exservidores públicos mientras en paralelo chatarrizaba el CIDE.

Devota del nacionalpopulismo, le tomó el pelo a su pastor y a la sociedad con la promesa de los ventiladores Ehécatl 4t y la vacuna Patria en plena pandemia: los primeros resultaron chafas y la segunda, que no es “mexicana” sino neoyorkina y “neoliberal”, fue prometida para diciembre de 2021 pero estará lista hasta 2025 y sólo “para casos de emergencia”, cuando ésta se dio por terminada en mayo de 2023…

Carlos Marín

cmarin@milenio.com