Mario Moreno 'Cantinflas', a 31 años de su paso a la inmortalidad

Este 20 de abril se cumple un año más de la partida de uno de los más grandes íconos del cine de oro en México, Mario Moreno 'Cantinflas'.
Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas. (Foto: Cortesía)

El 20 de abril de 1993 dejó de existir Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes; mimo, actor, productor, guionista y comediante oriundo de la Ciudad de México, mejor conocido como Cantinflas.

El palmarés de Mario Fortino Alonso se extiende junto con la historia de la televisión: en 1936 Cantinflas apareció en el filme 'No te Engañes Corazón', dirigido por el michoacano Miguel Contreras Torres.

Para entonces, el hombre detrás de Cantinflas ya contaba con una distinguida trayectoria en las artes escénicas. Su incursión al cine, sin embargo, dinamitó su popularidad en México y en el mundo.

Fue tal el impacto de Cantinflas en la cultura popular que la oralidad del personaje transmutó en verbo. Lo dice la Real Academia Española de la Lengua:

“Cantinflear: De Cantinflas, popular actor mexicano, y -ear: 1. intr. coloq. Cuba y Méx. Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”, indica el Diccionario de la Lengua Española.

El acto de cantinflear, sin embargo, se encuentra lejos de reflejar los modos de un Mario Moreno Reyes, como solía abreviarse su nombre. Este se distinguía, por el contrario, por una solemnidad que aplastaba a quienes osaban entrevistarle.

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Entrevistas

Una de sus víctimas fue el afamado Vicente Leñero, periodista, escritor e ingeniero que descansa sobre los anaqueles que guardan la historia de las letras mexicanas. Leñero, en su ''Talacha Periodística', obra que vio la luz en noviembre de 1983, retrata la ambivalencia de Mario Moreno y Cantinflas.

“En la oficina de Mario Moreno Reyes (último piso, entrando a mano izquierda, espere un momentito por favor) el actor aplasta la colilla de un cigarro con filtro y pregunta:

—Bueno, ¿pero cuál es su idea?

—Me gustaría conocer su casa y tomar, si usted no tiene inconveniente, unas fotografías.

—¿Fotografías?

—Sí, unas fotografías a color. —¡Ah, caray! Parece estar a punto de exclamar el Cantinflas que tal vez, de seguro se esconde tras los impenetrables anteojos oscuros del actor:

Ah, caray, me la pone usted difícil. Pero al único que realmente se escucha, después de un silencio del tamaño de un segundo, es a don Mario Moreno Reyes, este señor muy serio, cejijunto, de cabello gris, de ojos que no se ven por los lentes; el característico hombre de negocios que no sonríe con facilidad y que habla a cuentagotas, en frases breves para acabar pronto”, escribió Vicente Leñero.

Sin embargo, más atrás de Cantinflas y más atrás también del Mario Moreno Reyes que se asoma, al momento de la despedida, Vicente Leñero revela una verdad más compleja, producto de observar el convivir del actor con su hijo Mario Arturo:

“Al fin de cuentas el hombre de negocios ha resultado un poquito menos serio, un poquito menos introvertido de lo que sugiere la primera, siempre equivocada impresión. Y es que por más que se esconda tras los lentes oscuros, por más que disimule una tristeza profunda, por más que mantenga en secreto su vida privada, los recuerdos de su esposa, sus anhelos íntimos, don Mario Moreno Reyes no puede evitar que a ratos, en sus actitudes, se transparente la generosa simpatía -la gracia- del Cantinflas que durante treinta años ha hecho reír a todo mundo, menos a Cantinflas: “Ahí está el detalle, joven”, cierra Leñero la prosa.