Calderón y los españoles en la mira

El frente que abrió ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador contra su antecesor Felipe Calderón no es casual ni un tiro político al aire. Al hablar de "conflicto de interés y corrupción" por la contratación de Calderón como consejero de la compañía eléctrica Avangrid, filial estadounidense de Iberdrola, el presidente reabrió un viejo expediente que conoce muy bien sobre "favoritismos y privilegios" a las compañías españolas generadoras de electricidad en México que recibieron contratos "generosos" de la Comisión Federal de Electricidad los últimos sexenios.

López Obrador denunció desde la campaña presidencial de 2012 que Iberdrola "era la empresa favorita de Calderón", y ayer revivió el tema a partir de la reciente visita del presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, quien entre los asuntos "prioritarios" que trajo a México, fue el de abogar por las trasnacionales españolas que tienen negocios y contratos gubernamentales en nuestro país, como Iberdrola, que es el segundo generador de energía eléctrica después de la CFE.

En privado, el presidente español le pidió a su anfitrión mexicano garantías de certidumbre para empresas de su país, especialmente en el sector energético, algo en lo que López Obrador no compartió totalmente y lo expresó en su discurso público donde pidió que "las empresas extranjeras en sus relaciones en México se comporten con ética". Esa fue la señal pública de que no hubo entendimiento en privado sobre la pretensión española de conservar condiciones privilegiadas para compañías de su país.

Por eso ayer en su conferencia matutina, con el lanzamiento del obús contra Calderón, lo que hizo fue reabrir un expediente de "corrupción" en su sexenio, en la contratación de empresas españolas en el sector energético, donde no sólo aparece el nombre del expresidente como consejero de la filial de Iberdrola de julio de 2016 hasta diciembre de 2018, sino también su exsecretaria de Energía, Georgina Kessel, consejera de la misma Avangrid, al igual que el exdirector de CFE del sexenio calderonista, Alfredo Elías Ayub, o incluso, vinculados a negocios y contratos con otras compañías españolas como Repsol, Jordy Herrera y César Nava, exsecretario de Energía y exdirector Jurídico de Pemex, respectivamente.

Calderón se defendió ayer de lo que llamó "calumnias" en su contra. "Categóricamente rechazo que en mi relación con empresas globales haya incurrido en tráfico de influencias, conflicto de intereses y mucho menos en actos de corrupción", dijo anoche en su cuenta de Twitter. Ciertamente Calderón no es el único expresidente ni exfuncionario que ha colaborado con compañías extranjeras beneficiadas por su gobierno; también lo hizo Ernesto Zedillo con Unión Pacific y Procter&Gamble. Y en ambos casos se puede alegar que no hubo violación legal, pero difícil sostener el tema ético y de conflicto de interés.

Por lo pronto el tiro lanzado ayer por el presidente no fue al azar y por la tarde se confirmó cuando trató el tema en la reunión privada con su gabinete. Ahí le pidió al director de la CFE, Manuel Bartlett, que informara cuánto se va a ahorrar la empresa al dejar de pagar "sobreprecio" a empresas como Iberdrola y otras generadores por sus volúmenes. "Les pagaban los gobiernos anteriores sobreprecios a las compañías generadoras de luz y eso ya no lo vamos a hacer más", dijo el presidente ante su gabinete.

¿Cuánto más saldrá del expediente de la estrechísima relación que tuvieron las compañías españolas con los gobiernos anteriores? El tema —y con él los expresidentes y exfuncionarios involucrados— está en la mira del Palacio Nacional.
Los dados mandan Escalera doble. Subimos.

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