WASHINGTON, EU.-  A menos de tres semanas de las elecciones, el mandatario Barack Obama y el candidato presidencial republicano Donald Trump protagonizan una abierta guerra retórica, que adquirió mayor intensidad tras el tercer debate presidencial.

Al cabo de años de poner en duda la legitimidad del primer presidente afroestadunidense alimentando especulaciones infundadas de que nació en Kenia, Trump se encuentra en la recta final de los comicios bajo el fuego cruzado de Obama y de su esposa Michelle.

Desde el fin de las Convenciones Nacionales, la Casa Blanca programó más de una docena de presentaciones de Obama en actos de campaña en apoyo a la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton de cara a las elecciones del 8 de noviembre próximo.

Obama, uno de los más admirados oradores de la era moderna, se ha dedicado no sólo a alentar la participación de votantes jóvenes y de afroestadunidenses en los estados “campos de batalla”, sino a usar el arma del humor para ridiculizar a Trump y presentarlo como “no apto” para la Presidencia.

 Aunque el presidente había prometido mantener un tono más “suave” sobre Trump en sus apariciones como jefe de Estado, Obama arremetió contra el millonario en uno los términos más duros en el marco de la visita de Estado del primer ministro italiano, Matteo Renzi.

Empezar a lloriquear antes que termine el partido (y) cuando las cosas van mal, y empezar a culpar a alguien más, entonces no tienes lo que se necesita para este trabajo”, dijo Obama refutando las dudas sembradas por Trump sobre la integridad de las elecciones.

 Dos días después, en Florida, en una presentación en mangas de camisa, Obama insistió que los cuestionamientos sin fundamento de Trump al proceso electoral son un precedente “peligroso” para Estados Unidos. “Le estamos haciendo el juego a nuestros adversarios”, alertó.

 Conocido por su afición al contragolpe, Trump esperó al tercer debate presidencial para contraatacar al presidente estadunidense, utilizando como escudo al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

“Déjenme decirles –dijo Trump en Las Vegas dirigiéndose al público estadunidense— Putin la ha ‘chamaqueado' a ella y a Obama todo el tiempo. Sea en Siria, en cualquier cosa”, señaló Trump.

Dos días después, durante la cena de gala de Fundación Al Smith en el Waldorf Astoria de Nueva York, desoyó el llamado de Obama de dejar de lloriquear y se quejó de que las grandes cadenas de televisión y medios como The New York Times favorecen desproporcionalmente a Clinton.

Y antes de que terminara la semana, Trump aprovechó un acto de campaña en Carolina del Norte para sugerir que Obama está descuidando los asuntos de política exterior de Estados Unidos por dedicarse a hacer campaña a favor de Clinton.

 “¿Por qué está haciendo campaña? Debería estar trabajando (...) Pero el 8 de noviembre le enviaremos el verdadero mensaje”, dijo Trump.

 Pero aún si Obama dejara de hacer campaña por Clinton, la primera dama Michelle Obama ha sido objeto de elogiosos comentarios editoriales por reflejar en un discurso en Nueva Hampshire la indignación que provocaron las palabras de Trump sobre las mujeres como objetos sexuales.

No puedo creer que un candidato a presidente de Estados Unidos se pueda vanagloriar de atacar sexualmente a las mujeres”, dijo Michelle Obama.

 Los Angeles Times señaló que el discurso podría convertirse en el “momento definitorio” de la campaña presidencial, toda vez que el voto femenino es visto como clave en el desenlace electoral y Trump sufre el mayor déficit de apoyo de las mujeres en la historia electoral del país.

A diferencia de los contraataques contra el presidente, Trump se ha mostrado reticente a enfrascarse en un duelo retorico con la primera dama, aunque el millonario erróneamente sugirió durante el tercer debate que Michelle ha atacado a Hillary Clinton.

Expertos coinciden que la ofensiva presidencial contra Trump refleja la percepción de que Clinton es una mayor garantía de continuidad del legado y de las políticas de Obama, aún cuando mantienen diferendos abiertos en el tema del libre comercio.

Aunque la postura de ambos es similar en asuntos como migración, armas de fuego, aborto o matrimonios del mismo sexo, Clinton dio un giro abrupto en su apoyo al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP).

Cuando era secretaria de Estado calificó al TPP como el “estándar dorado” de la nueva generación de acuerdos comerciales.

Como candidata presidencial se convirtió en opositora, lo que ha sido visto aquí como un cortejo para lograr el voto y el apoyo de la mayor central sindical de Estados Unidos, AFL-CIO, y de otros sindicatos.

El equipo de Obama inició los preparativos para buscar que el TPP sea ratificado en una sesión extraordinaria (lame duck) del Congreso estadunidense, que tendría que darse después de las elecciones y antes del cambio de poderes el 20 de enero.

NTX/I/JLZ/CMV/EUA16/